12/1/18

RESEÑA #104: EL LIBRO DE LOS BARDOS


RESEÑA #104: EL LIBRO DE LOS BARDOS


¡Hola, hola, hola!

 Bueno, bueno, bueno, por fin viernes. Yo no sé vosotras y vosotros, pero mañana pienso dormir hasta las tantas, ¡qué ya hace falta! ¿Qué tal la semana? ¿Ha sido larga? Espero que hayáis tenido tiempo de disfrutar de libros maravillosos. Yo ahora mismo estoy que no cago con Príncipe mecánico – de nuestra señora Cassandra Clare, esa que no tiene ni un ápice de misericordia con sus personajes, sí, sí –. Espero acabarlo a lo largo del fin de semana, a ver si así os traigo la reseña.

Pero hoy vamos a hablar de otra cosa. Hoy toca un libro de Lena Valenti, el último que he leído de esta saga tan genial. ¿Qué? ¿Vemos qué tal ha sido?

¡Dentro reseña!


Ficha técnica




Título: (Vanir 9) El libro de los bardos

Autora: Lena Valenti

Editorial: Vanir

Número de páginas: 490

ISBN: 9788494199080

Precio: 21,90€

Sinopsis

Desde que su hermano Carrick desapareció por una grieta de Edimburo en llamas, siguiendo los pasos de la japonesa Aiko, Daimhin no quiere pensar en que lo ha perdido para siempre, y decide ir a por él. Steven, el berserker de Edimburgo, muy a su pesar, no es capaz de dejarla sola y la acompaña en su búsqueda. Pero ni uno ni otro saben que su aventura pueda ser tan determinante para los dioses, ni para el futuro de la humanidad. Por el camino hacia las entrañas del Midgard descubrirán quiénes son y qué les depara el destino; y tendrán que tomar decisiones que marcarán el futuro de los Reinos.


Reseñas de libros anteriores










Mi opinión


Ya ha llegado. Así, tal cual. El momento de que las cosas se pongan feas. Feas de verdad. Si en El libro de Noah nos quedamos a las puertas del Ragnarök, con la apoteósica vuelta de Loki; en El libro de los bardos no se nos presenta una situación precisamente esperanzadora. Vamos a ser claros, la cosa está muy mal. Tan mal que nuestros dioses están asustados. Freyja ya no tiene ganas de molestar a Odín con sus insinuaciones, sencillamente está cansada. Cansada, porque sabe que su última baza, su última esperanza, puede salir rana. Ay, nuestros dioses. La verdad es que tengo ganas de verlos (leerlos) en acción. Quiero saber hasta qué punto el Alfather, el padre de todos, es mejor que todos los demás guerreros. Quiero saber cómo se las gasta la diosa Vanir. Pero, ante todo, quiero ver caer a Loki.

Mientras el mundo se va, literalmente, a la mierda, Daimhin se lanza al vacío con Steven. Esperad, creo que puedo ser un poco más clara. Steven, nuestro dulce y encantador berserker de Edimburgo, cae con Daimhin, porque la vaniria, nuestra preciosa barda, no tiene otra idea que ensartarlo con su katana. Así de delicada es, la florecilla. Os hablé de ella – y creo recordar que también de Steven – en la reseña de El libro de la alquimista – si queréis consultar la reseña, echad un vistacito al apartado de “Reseñas de libros anteriores” –. Dije que era una chica interesante, alguien que iba a dar mucho de lo que hablar. ¡Y vaya si era verdad! Esa chica, esa sádica, como el berserker la llama; es genial. Genial a unos niveles que no os los podéis ni imaginar. Está tullida, tullida por dentro, y es precisamente por eso que le cuesta tanto confiar en los hombres. A fin de cuentas, ¿quién le asegura que el que asegura ser su caráid no es más que otro cerdo?

Nuestros bardos. Los preciosos y maravillosos bardos. La de disgustos que me han patrocinado, esos dos. Porque Aiko – la hermana de Miya, una vaniria kofun – y Steven se han ganado el cielo. ¡Vaya paciencia tienen, los pobres! Ojo, no digo que me molestara el comportamiento de nuestros bardos. Todo lo contrario. Entendía sus preocupaciones, era capaz de empatizar con ellos pero, pese a todo, no podía dejar de pensar que, en ocasiones, eran excesivamente tozudos.
El libro rompe esquemas. Sin más. Lena Valenti ya no nos habla de relaciones que pasan por buenos y malos momentos. Nos habla de la guerra, la guerra del mundo. Nos dice, además, que no hay tiempo para florituras, palabras bonitas y contemplaciones. Quiero detenerme en esto, porque creo que es importante. Veréis, la saga, como todas y todos sabéis, es terroríficamente larga – once libros y una especie de spin-off para nuestro As Landin –. Los primeros libros son, digamos, más bonitos. Y no porque estos sean horribles, sino porque en ellos el fin del mundo es una idea, algo que pasará. En estos últimos es una realidad. Lena Valenti juega muy bien esa carta, acelerando las descripciones, anticipando acontecimientos y dando, literalmente, bofetones verbales. Golpes, golpes y más golpes. Eso es lo que hay entre las páginas de Vanir. Ya no sé qué más decir (escribir), no soy capaz de hacer justicia a estos libros y por los dioses que lo intento. Leedlos. Sólo leedlos.

Ni Daimhin ni Carrik son bardos normales. Ellos tienen un cometido. Y así lo dicen las runas. Tras lo que parece la muerte de Aiko, nuestra vaniria kofun nos deja blancos del susto al revivir. Acontecimiento que hará que nos empecemos a plantear seriamente quiénes son nuestros niños perdidos. Ojo, el libro no gira, ni mucho menos, en torno a cómo Carrik acepta a Aiko o cómo Daimhin acepta a Steven. No. El libro, como decía, habla de la guerra. Y esta vez Nerthus tiene mucho que decir al respecto.

Adoro a la madre de la diosa Freyja. La adoro porque es una cabrona de las grandes. Sí, lo sé, soy terriblemente ordinaria, pero me gusta llamar a las cosas por su nombre. ¿Por qué digo esto? La diosa Nerthus convoca a sus huldre, sus elfos, para que ayuden a nuestros bardos y, mientras éstos duermen, se muestra ante Aiko y Steven. Como sabéis, la diosa Freyja adora la vinculación de sus guerreros, porque es algo sagrado y precioso, algo para siempre; y, sin vinculación, no hay dones. Los traumas que acarrean tanto Daimhin como Carrik deben subsanarse. Deben dejar de pensar que su sangre está infestada, que ellos están tullidos y que están, según sus propias palabras, sucios. Por eso llega el regalo de Nerthus. Unas pastillas que inhiben el miedo. Pero sólo hay dos y, para que la vinculación sea completa, hacen falta tres.
Ojo. Esto no es una maratón de a ver quién se tira a quién antes. Ni de broma, por amor de Dios. Esto es una carrera contrarreloj por la maldita supervivencia.

Para acabar de abrir apetito, os diré que los hermanos deben separarse temporalmente. Carrik y Aiko deben ir a la Black Country – o lo que queda de ella – a convocar a los guerreros; y Daimhin, junto con Steven y los elfos, deben encontrar el objeto que los dioses han escondido para ella con nuestra pequeña Electra, el hada que ayudó a Noah y Nanna en su búsqueda, como única guía.


Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler


Estoy flipando. Lo flipo tanto y con tantas ganas que no sé ni por dónde demonios empezar a deciros que me va a dar algo malo en mi patatita. Comentarios insulsos a parte, hablo muy en serio cuando digo que no me puedo creer todo lo que pasa en quinientas páginas. Por empezar por algún punto – así de perdida me tenéis – diré que me gusta la actitud de Aiko. Bien es cierto que la novela no se centra demasiado ni en ella ni en Carrik, pero las apariciones de ambos me ha arrancado más de una sonrisa y, ¡qué diablos!, un montón de disgustos. Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que esta chica se ha topado con uno de los guerreros más tozudos del maldito Midgard – y mirad que Adam dejó el listón bien alto –. Tal vez por eso me hayan resultado tan tiernos. Ella es todo amor. Una chica disciplinada hasta lo imposible, como su hermano, con las ideas muy claras. Él está hasta el cuello de mierda. Se da tanto asco a sí mismo que jura y perjura que jamás dará su sangre, esa que él tilda de sucia e inmunda, a nadie. ¡Ja! ¡Qué se lo diga a la kofun!

Daimhin… es un hueso muy duro de roer. No da su brazo a torcer prácticamente en ningún momento porque, al igual que su hermano, está muerta de miedo. Miedos infundados, al menos a ojos del berserker. Y es que ese chico es tan dulce, tan paciente, que a mí por poco no se me saltan las lágrimas. Él sabe cómo debe presionar a la vaniria para conseguir que reaccione, algo que no es tarea fácil, porque a la chica no para de comerle la oreja Roulatz, el maldito elfo estirado que, ¡gracias a Dios!, al final acaba por dejarla en paz. ¿Y por qué digo eso? Bueno, el elfo es todo un caballero, un tío antisexual – o eso dice él – que jura que la respetará y bla-bla-bla.

Os decía que en este libro no hay tiempo para florituras. Lena Valenti nos muestra la cara más dura de la guerra que ya se cierne sobre nuestros guerreros y lo hace de forma descarada. Hay jotuns por todas partes, los lobeznos y vampiros van a sus anchas por la Tierra y, ante todo, no hay un maldito lugar seguro. Todo es susceptible de ser destruido. Para colmo, por si todo esto fuera poco, Loki abre el mundo de los elfos oscuros. ¡Bravo, desgraciado, bravo! Mientras todo se rompe, mientras todo el mundo cae, Daimhin lucha con uñas y dientes contra sus instintos, diciéndose que ella lo que necesita es a alguien que la trate como si fuera una piedra preciosa. Permitid que me ría.

El libro se me ha hecho corto. Terriblemente corto. Esto no quiere decir que falten cosas, es una novela redonda. Pasa todo lo que tiene que pasar, que no es poco ni corto de explicar. Lena Valenti nos habla de prácticamente todos nuestros queridos guerreros y, si queréis mi opinión, lo hace sin fallar en la personalidad de nadie. Nos habla de Adam, protector hasta la extenuación; nos habla de Menw y Daana, dos caras de la misma moneda; de As y María, valientes entre los valientes… y nos habla de los niños. Ay, los niños.

Me encanta. Sencillamente, me encanta. La forma cómo Steven rompe todas las barreras que lo separan de Daimhin, la manera cómo ella acepta que no hay una realidad diferente a la presente… y cómo luchan. Con uñas y dientes. Creedme si os digo que estos dos son, con diferencia, los más valientes de la saga. Saben que tienen todas las de morir y, aún así, pelean. Por ellos y por los suyos. Por lo que pueda pasar después, sin importar las consecuencias. Chapó a Steven, chapó a Aiko y chapó a nuestros bardos.

El final me dejó de piedra. No me esperaba que pasara lo que, efectivamente, pasó. Si bien es cierto que me molestó la actitud de Thor, el vanirio keltoi; adoré cada palabra. Todo lo que implica, lo descorazonado de su argumento, lo pesaroso de su futuro… perfecto, sencillamente, perfecto.
Una vez más, aprovecho para decir que espero que caigan los jotuns y su asqueroso padre. No sé qué será del barco de Balder, ni siquiera sé cómo afrontarán Odín y Freyja la realidad; pero me muero de ganas por descubrirlo.

Con todo, El libro de los bardos es una novela redonda. Con cuatro protagonistas sencillamente maravillosos y una historia desgarradora, Lena Valenti nos sumerge de lleno en una historia de palabras descarnadas. Porque Loki está sembrando el pánico y, ahora sí, el Ragnarök ha empezado.

Nota: 5/5


Citas

(…)
-¿Por qué crees? Tengo tu espada perforándome un pulmón, colmillos – se encaró con ella –. ¿Te vas a enfadar ahora por un mordisquito? ¡No ha sido para tanto!
(…)

(…)
Nada justificaba la muerte de un niño. Nada paliaba ese dolor.
(…)

(…)
Pero, como en todas las guerras, las minorías siempre perdían aplastadas por el poder de las mayorías. Las mayorías manipulables, ignorantes y codiciosas.
(…)

(…)
-Se lo debo – la joven alzó la barbilla –. Van a luchar junto a nosotros.
-O eso, o nos follan a todos – añadió Róta divertida –. Las Agonías no saben luchar. Solo saben succionar la energía… ¿comprendes?
(…)

(…)
-[…] Yo no encuentro otro modo mejor de morir que vivir cada instante como si fuera el último. No hay mejor muerte, guerrero, que morir en nombre de la vida y la libertad al lado de las personas que más nos importan.
(…)

(…)
Confiar. Qué palabra tan poderosa e importante. La palabra más traicionada de todas era la confianza.
(…)



6/1/18

Propósitos para el 2018 + Mejores lecturas del 2017



PROPÓSITOS PARA EL 2018 + MEJORES LECTURAS DEL 2017


¡Hola, Hola, hola!

¡FELIZ DÍA DE REYES! Espero que los yayos majos se hayan portado bien en vuestras casitas. Yo no tengo ni una queja. No, no, ni una sola. Antes de empezar con la entrada os dejaré una fotito con los regalitos que han dejado esos abueletes tan simpáticos y, ya que estoy, aprovecho para dar, una vez más, las gracias desde aquí. ¡Qué ilusión, jo!

Bueno, empiezo bien el año, ¿eh? Yo, que publico “cada viernes”, publicando un sábado. Ay, la vida. Ayer me fue imposible, palabrita. ¡Pero vamos a dejar de hablar de mis problemillas! Como el 2017 ya se nos ha ido, ¿qué tal si hablamos de planes para el 2018 y de los mejores libros que leí el año pasado? ¿Sí? ¿Os apetece? ¡Vamos a ello!





PROPÓSITOS LECTORES PARA EL 2018


Soy un poco desastre, esa es la verdad. Si bien es cierto que en 2017 leí más que en toda mi vida – 46 libros, todavía no me lo creo –, no cumplí todos los retos que me propuse. Tanto es así que di 18 dieces. Cómo lo leéis. ¡18! Tenemos dos opciones, o soy terriblemente buena dando notas o tengo ojo de lince para escoger lecturas. Quedaos con la opción que queráis. Visto lo visto, he decidido adaptar mis propósitos a cosas que, al menos, sean viables. ¿Los vemos?

1 – Leer, al menos, 45 libros. Esto lo habréis visto si me seguís en GoodReads o si habéis echado un ojo al lateral derecho del blog. No sé si conseguiré cumplirlo, pero, oídme (leedme), lo voy a intentar con todas mis ganas.

2 – Leer 6 clásicos. Sí, sí, aquí la menda ha decidido que ya va siendo hora de leer los grandes libros. Ojo, quiero cositas que, al menos, sean fumables. Me explico. No voy a leer ni la Odisea, ni la Iliada, ni los grandes libros de los filósofos de los antiguos siglos. No. Quiero probar la prosa de Hardy, la de Austen y, con suerte, la de alguna de las hermanas Brontë. Si tenéis alguna recomendación, no dudéis en dejármela en los comentarios.

3 – Leer lo que me apetezca en el momento, sin obligaciones. Mi madre últimamente habla mucho de los derechos de la lectora, los derechos del lector. Entre ellos hay un punto que, sinceramente, me encanta: el derecho a no leer. Y es que es verdad, joder. Hay veces en las que, sencillamente, no nos apetece o bien leer “en general” o leer “x” libro. Este año no quiero obligaciones. Si no me gusta, lo dejo. Palabrita.



Top 7


Mejores lecturas del 2017





7

La ladrona de libros, de Markus Zusak

(Sin reseña para el blog)


El año pasado fue raro en cuanto a lecturas. Ya os comenté, en alguna entrada, que había pasado un parón lector. Uno en el que empecé un porrón de novelas, dejando la mayoría. Si bien es cierto que hubo un libro que, en cierto modo, “me salvó” del parón; esta novela fue otro punto de inflexión muy importante.

No soy asidua al género de la ficción histórica. Ni siquiera recuerdo por qué decidí empezar este libro. De verdad, fue un puntazo que me dio, como cuando vas a una tienda y decides que sí o sí te llevas “x” cosa – barata, que soy más pobre que una rata –. Todo el mundo ha oído hablar de esta novela y, quién no – salid de debajo de la piedra en la que vivís, por Dios – ha visto la película.
Un libro bonito. Tan bonito que duele. Ya no es tanto quién narra la historia, que también, sino cómo Liesel se gana el corazón de la lectora, del lector; cómo Rudy, ese niño maravilloso, arranca sonrisas y muchísimas lágrimas. No os voy a mentir: es un libro crudo, uno que hace que te replantees muchísimas cosas, uno que está escrito con una prosa impecable y que, joder, hace que te rompas.


6

El libro de los bardos, de Lena Valenti



Autora de autoras. Puedo deciros, sin miedo a equivocarme, que esta señora es, a día de hoy, mi escritora favorita. Si bien es cierto que hay a muchos libros suyos que di dieces el año pasado, me he decantado por este – no quería hacer un Top 7 con los libros de la misma autora –. ¿Y por qué éste? No es porque sea el noveno de una saga jodidamente perfecta, sino porque aquí por fin vemos el final. No, no es el final real – aún me falta leer dos libros más –, sino las orejitas del lobo, la punta del iceberg. En El libro de los bardos, Lena Valenti nos regala una historia descorazonadora, que empieza con la crudeza de unos personajes que saben que, antes o después, pueden morir. Personas. Un libro que, pese a hablar de cosas fantásticas, habla de personas. Personas que luchan con uñas y dientes por defender a los suyos, que tienen que tomar decisiones difíciles, de esas que escuecen tanto como si alguien os echa alcohol en una herida abierta – cómo duele eso, joder –.

Os he dicho miles de veces que leáis la saga. Tenéis, repito: TENÉIS, que conocer a todos los personajes, a todos los protagonistas; porque vais a odiarlos y a adorarlos con tantas ganas que va a doler. Cada despedida, cada palabra, cada momento… Chapó una y mil veces a Lena Valenti, porque sus libros, las joyitas que nos comparte, valen la pena.

5

Harry Potter y las reliquias de la muerte, de J.K. Rowling



Otro libro con el que he llorado a mares. Era un bucle. Paraba de llorar por un personaje y empezaba a llorar por el siguiente. Siempre duele despedirse de historias, historias que rompen barreras y que, por más años que pasan, son maravillosas. Libros juveniles, libros que han conquistado a millones de personas. Os digo (escribo) desde ya, que Ron Weasley es lo más maravilloso que hay en estas novelas. Me extendí largo y tendido en la reseña – que podéis consultar si queréis –, pero quiero decir, una vez más, que ese chico es una joya. Un poco visceral a veces, pero maravilloso en sí mismo. Bueno, él y todo el elenco de personajes. Desde nuestro adorado Harry hasta los elfos domésticos, los poltergeist del colegio y la arisca profesora McGonagall. Leed la saga. De verdad, leedla.


4

1984, de George Orwell



Leí este libro porque fue un regalo de Sant Jordi o Día del libro de hace ahora mismo un par de años. No me preguntéis por qué no me animé el mismo año en que me lo regalaron, porque la única respuesta posible es que fui rematadamente estúpida. El caso, el libro es maravilloso. Crudo y cruel a partes iguales, porque Orwell habla con desesperanza y dureza de una sociedad atroz, una en la que cada movimiento, cada sueño, está controlado. Una joya. Una jodida joya de un hombre revolucionario que nos dejó un legado precioso. Mensajes como que nos quieren hacer estúpidos, haciendo que no pensemos y demos todo por bueno; mensajes como que a veces, luchar solos no es suficiente. Mensajes y mensajes que acompañan a un libro redondo.

3

Seis de cuervos, de Leigh Bardugo



Y llegamos al bronce, sí, sí. Yo me declaro fan de este libro. Por amor de Dios, he adorado a todos los personajes, y mirad que por norma general esos que parece que tengan metida por el culo una escoba me ponen de mala hostia. Sí, hablo de Mathias Elvar. La madre que lo parió, ¡qué estirado es, por favor! Dejando al druskellë de lado, debo confesa que mis personajes favoritos han sido – y serán –, Kaz e Inej. Él, porque aunque quiere vestirse de monstruo, es un luchador, alguien que sabe lo que es pasarlo mal de verdad, alguien que, ladrillo a ladrillo, va a acabar con el hombre que se lo arrebató todo. Inej… Qué deciros de esta chica. Es maravillosa. Brilla con luz propia entre las oscuras calles del Barril, siempre sorteando los tejados, caminando en un silencio sólo alcanzable para los oídos de nuestro chico Brekker.
Leed Seis de cuervos. Disfrutad de unos personajes maravillosos pero, ante todo, recordad: sin llantos, sin funerales.

2

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss



Libro que todo el maldito mundo conoce. Libro que yo me resistía a leer porque me parecía un Señor Tochón y, qué narices, porque tenía miedo de que no me gustara. No miedo a que me decepcionara “un poquito”, no. Miedo a odiar un libro que tanta fama había cosechado. Para variar, lo mío eran miedos infundados. Un puntazo, eso fue esta lectura, igual que me había pasado con La ladrona de libros. Se acababa el verano, le veía las orejitas al lobo (la universidad, que viene a ser lo mismo) y decidí que era un buen momento para perderme en un mundo maravilloso. No pude elegir mejor.
Kvothe es un personaje que, cuando cierras la novela, se queda contigo. Alguien que es pobre y, pese a todo, hace lo imposible por lograr sus objetivos. No hablo de alguien pobre al uso, personas que no pueden llevar el tren de vida de la gente podrida de pasta, no. Hablo de alguien que tiene que robar para poder comer, alguien que aguanta palizas, alguien que sabe que, para sobrevivir, no hay que estancarse. Por todo eso, por unos personajes jodidamente maravillosos y una prosa que hace sonar los silencios, Patrick Rothfuss es un autor que no os podéis perder.


1

Tokio blues, de Haruki Murakami



El libro del año. Una época muy mala, eso estaba siendo. Una de esas en las que todo da asco, en las que hasta las cosas más simples parecen chirriar. No leía nada. Empezaba, paraba. Paraba, buscaba un nuevo libro. Un bucle. Un asqueroso bucle que se cerró con esta joya. Tokio blues no es un libro alegre, no es una novela que arranque sonrisas soñadoras. No. Tokio blues es un libro de prosa impecable, con una ambientación tan gris, tan decadente, que una sólo puede pensar en lo maravilloso que es leer algo tan melancólico. Watanabe, que así se llama el protagonista, es un chico que vale la pena conocer; un chico más bien echado para adentro, un poquito adicto a la literatura y la soledad. Alguien que descubre todo un mundo de la mano de una serie de personajes de los que no voy a hablaros. Miento, voy a hacer una excepción. Midori. Adoro a esa chica. Descarada, deslenguada, divertida y espontánea. Falta gente así en el mundo, creedme.