29/7/17

RESEÑA #88: HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE


RESEÑA #88: HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE


¡Hola, hola, hola!
Bueno, bueno, bueno. ¡Por fin os traigo la séptima y última reseña de la saga que todo el mundo ha leído! Qué ganas tenía de saber cómo acababa todo de una vez – pese a que me he tomado mi tiempo –, pero vamos a lo importante…
¡Dentro reseña!

Ficha técnica



Título: (Harry Potter 7) Harry Potter y las reliquias de la muerte
Autora: J.K. Rowling
Editorial: Salamandra
Número de páginas: 640
ISBN: 9788498383645
Precio: 12,00€

Sinopsis

Harry Potter tiene que realizar una tarea siniestra, peligrosa y aparentemente imposible: el de localizar y de destruir a Horcruxes. Harry nunca se sintió tan sólo ni se enfrentó a un futuro tan incierto. Pero Harry Potter debe encontrar la fuerza necesaria para terminar la tarea que le han dado. Él debe dejar el calor, la seguridad y el compañerismo de La Madriguera y seguir sin miedo el camino inexorable marcado para él.

Reseñas de libros anteriores


Mi opinión

Y por fin todo encaja. Todo encaja, porque es sencillamente perfecto. Dije hace tiempo, hará años, de hecho; cuando empecé la saga, que sabía que el último libro me haría llorar. Lo dije y a día de hoy puedo confirmarlo. He llorado. He llorado tanto que no sé cómo narices he podido acabar el libro. Lo primero que quiero decir – esto va para muy largo – es que me mantengo en mis trece. No perdono a Severus Snape. Lo siento. Antes de dedicarme a este tema – en la Zona Spoiler, por supuesto –, quiero que respetemos la línea del tiempo.
Harry está preparado para partir en busca de los codiciados Horrocruxes. Como cada vez que el verano ha empezado a dar paso a los primeros síntomas de rutina, espera la llegada de la Orden del Fénix para volar a la Madriguera. Una misión de vital importancia, porque Voldemort ya anda suelto sembrando el pánico. El caso es que nuestro adorado protagonista no se puede creer lo que pasa cuando por fin van a por él y la maldita familia Dursley. Y yo tampoco, qué narices. Duddley, ese asqueroso piojo repelente, no quiere separarse de Harry Potter para siempre. En su cabeza no cabe dejar atrás a su primo. Diecisiete años. Han tenido que pasar diecisiete malditos años para que ese pequeño demonio sienta lástima. Contrariamente a lo que podáis pensar, me creí el numerito. Incluso me pareció tierno. Pero no estamos aquí para hablar de las relaciones familiares, ni mucho menos. La misión. Ay, la misión. Le cuesta una oreja a George Weasley. Y digo yo: ¿por qué nadie se molesta en empalar a esa corte de desgraciados que son los mortífagos? ¿Y por qué Voldemort no se mete su asquerosa serpiente por el culo? Me sulfuro.
Debo decir que el libro es perfecto. Perfecto porque no sólo se habla de la batalla que, sin duda, está por llegar. Es perfecto, digo, porque vemos cómo se intenta llevar a cabo la boda de Fleur y Bill, cómo la señora Weasley se huele que tanto su hijo como Harry y Hermione se traen, para variar, algo entre manos. Perfecto, porque vemos cómo Lupin empieza a sentirse realmente mal por su compromiso con Tonks. A fin de cuentas, cómo él mismo dice a Harry, ¿qué va a hacer si su hijo resulta ser un hombre lobo? Ay, amigas y amigos, que me pongo sentimental.
La boda se convierte en el escenario de los infiernos. Un patronus, gritos, huidas y… verdades. Las primeras, al menos. Rita Skeeter, esa despreciable rata de cloaca que se hace llamar periodista, ha escrito un libro. Un libro sobre Albus Dumbledore. Y Harry no quiere ni oír hablar de lo que esa bruja cuenta.
Me gustó cómo se planteó la huida. El hecho de que ese desmadre hiciera que nuestros tres encantadores protagonistas emprendieran el viaje fue maravilloso. Y lo fue más todavía ver lo perdidos que estaban. No me malinterpretéis, yo quería que supieran qué demonios hacían, de verdad que sí; pero no hubiera sido creíble que todo apareciera “de golpe”. Había que pensar. Pensar largo y tendido.
J.K. Rowling, una mujer con una imaginación desbordante. No sólo ha confeccionado una historia redonda, sino que se ha llevado por delante a todo aquel que le ha venido en gana, de una forma que a mí me ha dejado con los ojos llenos de lágrimas y el corazón en un puño. Si queréis leer a alguien que desarrolle a sus personajes, si queréis leer una prosa cuidada, espectacular y evocadora… esta señora, amigas y amigos, es vuestra mejor opción.
Las peleas tardan poco en llegar. Harry no sabe por dónde empezar a buscar, Ron está cada vez más irascible y Hermione empieza a impacientarse. ¿Qué pretende Dumbledore que hagan ellos tres solos? ¿Y por qué, maldita sea, no explicó más cosas a Harry? Y es que debo deciros, puesto que antes he obviado esta información, que Dumbledore cede tres posesiones a nuestros protagonistas. Cuatro, realmente, pero eso es otro tema. A Ron le deja un desiluminador, a Hermione Los cuentos de Beedle el bardo y a Harry le deja una snitch dorada y la espada de Gryffindor. El porqué de esos tres objetos escapa de la compresión de nuestros protagonistas, pero ojo, que el asunto tiene muchas más narices de lo que parece a simple vista.
Para acabar de abrir apetito, diré que el reinado de Voldemort es una asquerosa dictadura. Él lo controla todo. Quiere acabar con “los sangre sucia”, los muggles y todo lo que él considera indigno – al parecer el hombrecillo no recuerda que su padre no era brujo y su madre era una squib, pero vamos, que por lo demás, todo muy normal, sí, sí –. ¿Y qué hacen nuestros chicos favoritos? Echarle narices. Entrar en el Ministerio a recuperar el guardapelo.

Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

Me encantó cómo las alegrías y los disgustos se entremezclaron, formando un cóctel perfecto. Hay bajas, hay sonrisas. Hay momentos en los que parece que todo va bien y, de repente algo se tuerce y el mundo se pone patas para arriba. Porque de eso sabe mucho, nuestro Harry. De ver por un agujero el puñetero infierno y echarle narices. Narices y valentía. Y hablando de valentía. Mil hurras por Neville Longbottom. Eso es aplomo, eso es compromiso, eso es tener escrúpulos, ser una persona coherente y leal. Leal a sus ideales, a su forma de entender el mundo. Valiente. Valiente porque fue un niño del que todos se burlaban por no saber hacer nada, por ser tímido, nervioso y torpe. Un niño miedica que saca por fin los dientes. Un niño que se planta. Un niño, ya no tan niño, que lidera la resistencia mientras Harry, Hermione y Ron se juegan el cuello allí afuera. Mil hurras por Neville Longbottom, el hijo de los aurores. Mil hurras, porque se los merece.
Estoy desbordada. Debo decir que hacía tiempo que no se me quedaba una sensación tan amarga al acabar un libro. Leía y leía, con el corazón en un puño y la lista de bajas bien presentes. Porque caen los mejores, joder, caen siempre los mejores. Dobby. Maldita sea, ¿qué había hecho ese pobre elfo? ¡Se juega el cuello, se lo juega sólo porque Harry lo hizo libre! Y lo mata. Lo mata esa desgraciada de Bellatrix a sangre fría. Como hizo con Sirius. Pero no sólo nuestro elfo doméstico cae, no. ¿Cómo iba a dormir tranquila la señora J.K. Rowling sin llevarse a Fred? Os juro que casi me da un colapso. Fred Weasley. Llamadme mala persona, pero yo hubiera preferido la cabeza de Percy. Y aquí rompo una lanza a favor de todos aquellos que, como yo, prefieran la valentía a la cobardía y el interés. Percy vuelve porque se le ha cerrado todo el maldito ojete, porque es una asquerosa rata cobarde que sabe que está a nada de palmar. ¿Y qué pasa? ¡Qué muere alguien que lucha desde el minuto cero, maldita sea! Y hablando de cobardes. Draco. Draco Malfoy. Más ratas sucias. Si es que el libro está llenito, y se libran casi todas. Así da gusto, ¿eh? Ese niño, sintiéndolo mucho, no aporta nada. Nada bueno, hablando en plata, porque no satisfecho con beber los vientos por su padre – otro cobarde de tomo y lomo – se encomienda a cualquiera que pueda brindarle unos minutos más de vida. Qué vergüenza.
El paseo para nada idílico que recorren Harry, Ron y Hermione; luego sólo Harry y Hermione; y de nuevo los tres juntos… me encantó. No, no diré que Ron sea un cobarde. No lo es, para nada. Tal vez sea cierto que actúa por impulso pero, oídme, ¿cuántas de vosotras, cuántos de vosotros, no habrías hecho lo mismo? Atascados en una tienda de campaña, pasando frío y rememorando conversaciones. Una y otra vez. Un bucle infinito y autodestructivo. La partida le valió hacerse mejor persona, porque el chico que vuelve no tiene nada que envidiar al chico que dejó atrás. Sonreí, sonreí como una imbécil cuando por fin hizo trizas ese asqueroso Horrocrux, ese que le mostraba todo lo malo que anidaba en su mente. Bravo, Ron Weasley, bravo.
Llegamos por fin a la verdad. La verdad. Vaya cosas. Que si Dumbledore es el siervo de Satán, que si el padre de Luna Lovegood es un traidor, que si todos son buenos o todos son malos… Pues yo aquí me planto. La actitud del padre de Luna – no recuerdo el nombre, así que vamos a referirnos así a él – me resultó repugnante. Tenía motivos, sí, ¿pero qué gana traicionando todo por lo que está luchando su hija? Nada, maldita sea, nada. Ya no hablemos de los Malfoy, porque creo que he sido bastante clara. Ni un solo miembro de esa asquerosa familia hace algo bueno. Ni uno. Draco es un cobarde, un cobarde rastrero. Como su padre. Y su madre… Ay, su madre. Menuda perla. Pero ojo, qué tiene un acto de altruismo desmedido hacia Harry, ¿eh? ¡Y un cuerno! ¡Se ve su interés, se huele la podredumbre que desprende toda ella! Una familia de cobardes. Una familia de ratas sin escrúpulos.
¿Pasamos a lo importante? ¿Hablamos de Snape? Porque yo aquí he venido a quedarme a gusto. Qué bueno, ¿eh?, nuestro profesor convertido en director. Vaya perla. Vaya altruista. ¡Menudo amor de hombre, claro que sí! ¡Y una mierda! ¡Y una grandísima mierda! Si queréis mi opinión – y hablo (escribo) sabiendo que vais a querer lapidarme –, este hombre lleva dos guantazos bien gordos en la cara. Uno por desgraciado y otro por mentiroso. Decidme, si tanto amaba a Lilly, ¿por qué nunca se lo dijo? ¿Por qué siempre fue un cobarde que vivió a la sombra de sus celos, de sus ansias de poder y su asco? ¿Por qué se nos pinta a este hombre como un salvador, si lo único que hace es hacer lo que hacen los demás? Porque sí, amigas y amigos, Snape arrima el hombro para salvarle el culo a Harry. Como todo el maldito mundo. Como Hagrid, como McGonagall – os juro que adoro a esa mujer –, como cualquier otro profesor, como Lupin, Tonks, Ojoloco… Uno más, uno que dice tener motivos sinceros para no querer ver morir al chico. Un hombre que desprecia a Harry por ser hijo de James Potter. James, que está claro que, por lo menos, decía lo que pensaba en voz alta. Vaya joya, ya veo. Vamos, que me pongo a llorar de alegría por ese hombrecillo. Esperad, no, que tenemos que hablar de sus servicios al colegio. ¡Cómo no! Una especie de agente doble. Perdonadme, perdonadme de verdad, pero yo no adoro a Snape, no creo que sea una buena persona y no, no he sido capaz de perdonarlo.
Tal vez lo que más me descolocó fue el hecho de saber el porqué de Dumbledore. Y digo que me descolocó porque se me advirtió de que él “era el malo”. Bien, pues yo he acabado el libro, he querido arrancarme el corazón y pisotearlo. He llorado tanto que no tengo palabras y, pese a todo, no le odio. A él, no. Hizo lo que tenía que hacer. Por cruel y desmedido que pueda parecer, ese hombre hizo lo imposible por instruir a Harry, por hacerle entender, sin decírselo, que, a veces, nuestra vida no es más importante que la de cientos de miles de personas. Por supuesto, no digo que el chico tuviera que inmolarse, eso jamás. Lo que digo, y por el amor de Dios, intentad no malinterpretarme; es que no hizo nada malo, Dumbledore. Él firmó su sentencia de muerte. Harry firmó la suya. Por el bien de todos, como decía egoístamente Albus de adolescente. Me sumo a Harry. No hay un solo motivo para odiar a Dumbledore. Ni uno solo.
El final me dejó bizqueando. Me encantó ver caer a Voldemort, me encantó que Harry fuera, como siempre, más listo que ese ser inhumano. Me gustó que le diera una lección, una de humildad, entre otras cosas. Me maravilló más todavía cómo todos lucharon, hombro con hombro, para salvarse. Para salvarse ellos mismos y al resto. Personas valientes, personas que saben lo que hay que hacer. Personas que no huyeron como ratas aterrorizadas al verle la cara – asquerosa, por cierto – a ese animal sanguinario de Voldemort. Personas que defendieron su hogar, Hogwarts. Un aplauso a todos ellos, por todas ellas.
Supongo que así son las despedidas. Crudas, algo violentas y sentimentales. Yo me he despedido de una saga perfecta, una redonda en la que todo el mundo tiene un motivo para hacer lo que hace. Sé que llevaré en el corazón a nuestros tres protagonistas durante mucho, mucho tiempo. Pero, mientras tanto, leed los libros. Leedlos, porque son joyas.

Con todo, Harry Potter y las reliquias de la muerte es un final perfecto. Uno que no admite réplica, uno que cierra todo de forma impecable. Lágrimas, risas y más lágrimas. Nuevas despedidas y nuevos momentos. Chapó. Chapó a J.K. Rowling, porque ha construido algo jodidamente perfecto.

Nota: 5/5



Una saga perfecta. De principio a fin. Niños que dejan de ser niños. Historias que calan hondo, personajes que rompen el corazón. Una prosa deliciosa. Un mundo maravilloso. No dejéis de leerlo, porque Hogwarts… Hogwarts puede llegar a ser nuestro hogar.

Nota final de saga: 5/5

Citas

(…)
[…] ¿qué se dicen para despedirse las personas que llevan dieciséis años detestándose?
(…)


(…)
-¡Esto es diferente! ¡Haceros pasar por mí, vaya idea!
-Mira, a nadie le hace mucha gracia, Harry – dijo Fred con seriedad –. Imagínate que algo sale mal y nos quedamos convertidos en unos imbéciles canijos y con gafitas para toda la vida.
Harry no sonrió y razonó:
-No podréis hacerlo si yo no coopero. Necesitáis pelo de mi cabeza.
-¡Vaya! Eso hecha por tierra nuestro plan – intervino George –. Es evidente que no hay ninguna posibilidad de que entre todos te arranquemos unos cuantos pelos.
(…)


(…)
-Patético. ¡Patético! Con el amplio abanico de posibilidades que ofrece la palabra <<oreja>>, ¿tú vas y eliges <<lenteja>>?
(…)


(…)
-Pues está claro que se equivocaba – concluyó Ron –. Siempre dije que estaba chiflado; era muy inteligente, de acuerdo, pero estaba como un cencerro. Mira que dejarle a Harry una vieja snitch… ¿Qué demonios significa?
(…)


(…)
-¡Sabes perfectamente que Harry y yo nos hemos criado con muggles, Ron! – le recordó Hermione –. A nosotros no nos contaban esos cuentos cuando éramos pequeños. Nos contaban <<Blancanieves y los siete enanitos>>, <<La Cenicienta>>…
-¿<<La Cenicienta>>? ¿Qué es eso, una enfermedad? – preguntó Ron.
(…)


(…)
-¿Has llegado bien? – le preguntó Hermione.
-No, todavía está atrapado en el cagadero – se mofó Ron.
(…)


(…)
Quería que lo detuvieran, que lo obligaran a volver y lo enviaran a casa… Pero ya estaba en casa. Hogwarts había sido el primero y el mejor hogar que había tenido.
(…)



22/7/17

RESEÑA #87: LA DOMA


RESEÑA #87: LA DOMA

¡Hola, hola, hola!

 Con julio a punto de terminar, creo que es un buen momento para preguntar qué tal está siendo vuestro verano. El mío terriblemente tranquilo. De hecho, puedo decir que me estoy poniendo al día con la lectura, ¡y qué contenta estoy por eso! Pero ya me callo, que hoy os traigo algo que a mí me ha encantado.

 ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: (Amos y Mazmorras 1) La doma
Autora: Lena Valenti
Editorial: DEBOLSILLO
Número de páginas: 352
ISBN: 9788490327166
Precio: 6,95€

Sinopsis

En el mundo de los Dragones y las mazmorras nada es lo que parece. Y Cleo está a punto de descubrirlo. En el mundo de Dragones y mazmorras nada es lo que parece ser. Y Cleo está a punto de descubrirlo. Cleo siempre quiso ser agente especial del FBI como su hermana Leslie, pero, cuando la declararon no apta para el puesto, tuvo que conformarse con seguir patrullando las calles de Nueva Orleans. Ahora, Leslie ha desaparecido y el FBI le ha pedido que colabore en la misión de rescate. Ella ha aceptado sin pensarlo dos veces... y no sabe dónde se ha metido. Su hermana mayor estaba investigando una red de trata de blancas y tráfico de drogas de diseño, y había logrado infiltrarse en un juego de rol llamado Dragones y mazmorras DS. Cleo tiene que hacerse pasar por ella y convertirse en una sumisa. Muy amablemente, el FBI ha puesto a su disposición a un atractivo y arisco «profesor» para que la instruya en el oscuro arte del BDSM: Lion Romano, el hombre por el cual está coladita desde siempre. En una carrera contrarreloj, ambos se sumergirán en una aventura llena de peligro, amor, sensualidad, crudeza y crueldad en la que las fustas y los látigos marcarán la realidad y el día a día. Los juegos están servidos: los dragones salen de sus mazmorras. ¿Estáis preparados?

Mi opinión

  Un tema polémico, ¿sí? El sadomasoquismo es, al menos a mi juicio, algo tremendamente delicado. Algo que puede considerarse un modo de vida, al menos según se nos cuenta en esta historia; y es que tras el atrevido título Amos y mazmorras, se esconde mucho más que un puñado de azotes y sexo desmedido.
 El verano pasado quise leer este libro, pero estaba saturada del género erótico. Saturada,  porque empecé a considerar que todas las historias eran iguales. Amores desgarradores, de esos que rompen, arrancan suspiros y lágrimas. Amores ficticios, si se me permite la licencia, pero amores al fin y al cabo. Tal vez porque echaba de menos esas historias tan bonitas, o porque sentía verdadera curiosidad por las prácticas que en la novela se explican, decidí darle una oportunidad.
 Lena Valenti tiene un don. Sí, como lo leéis. Esta mujer se planta delante de la pantalla de su ordenador y fabrica verdaderas joyas. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a tardar poco más de tres días en leer un libro como este? Pensaba que iba a enfadarme, que iba a ponerme catatónica leyendo las salvajadas que, en efecto, llegan a contarse. Para nada. Una mujer elegante en su prosa, Lena Valenti.
 Cleo Connelly es una agente de la policía de Nueva Orleans. Tras un intento frustrado de entrar en el FBI, decide seguir con su vida. Un ascenso, facilitado tras la detención de un maltratador repulsivo, Billy Bob, le vale los elogios de sus compañeros. Ahora bien, nuestra protagonista necesita algo más fuerte, emociones más intensas. No quiere pasarse la vida buscando al perro de una de las mujeres que la conocen desde que era una cría, no quiere poner multas, no quiere limitarse a correr tras camellos del tres al cuarto.
 ¿Y qué motiva entonces las ambiciones de nuestra Cleo? Su hermana, Leslie, es una de las agentes mejor preparadas del FBI. Ella, junto con Lion Romano – viejo amigo de la infancia que, ¡cosas de la vida!, no hacía más que amargar la existencia a la pobre Cleo –, están en una misión de suma importancia. Misión que, al parecer, no va tan bien como quieren hacer ver.
 Me ha sorprendido sobremanera lo que he encontrado entre las páginas de este libro. No se trata de un análisis para alimentar a lo morboso de nuestra imaginación. Es una novela elegante, una historia llena de claroscuros que cautiva, y mucho.
 Decía que la misión no iba tan bien como parecía y es que una noche, Cleo le abre la puerta de su casa a un jefazo del FBI. Hombre que dice traer noticias sobre Leslie, más serio que si acabara de ver a un fantasma. Malas noticias, pensaréis. Efectivamente. La buena de Leslie, la hermana mayor más bien sosa, demasiado recta; ha desaparecido. Infiltrada en una misión de trata de blancas que se lleva a cabo a través de los intrincados mundos del BDSM – Bondage, dominación y sadomasoquismo –, ahora llamado DS; ha perdido a su compañero, Clint. Han empezado a aparecer mujeres muertas, con una sobredosis de Popper – afrodisíaco que en grandes ingestas puede producir daños cerebrales o, en casos extremos, la muerte – y era competencia de Leslie, junto con otros agentes, dilucidar qué hay tras la organización Los hombre lagarto.
 La noticia hace que Cleo se sienta realmente aterrorizada. ¿Cómo va a poder asumir que Leslie, su Leslie, ha desaparecido? ¿Cómo han asesinado a Clint? Y, lo que es más importante, ¿qué diablos es eso de que su hermana estaba infiltrada como sumisa y el pobre Clint como su amo?
 Una oportunidad. Salvar a Leslie de los malos, unos tales Villanos, a través de un torneo. Un problema. Ella no sabe de qué va la sumisión. Un imprevisto. Necesita un amo y, lamentablemente, va a ser ese niño cabroncete de su infancia, Lion Romano, quien ejerza ese papel.

 Y, ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

 Antes de que empecéis a hacer elucubraciones que no vienen al caso, no, no estoy para nada a favor de las prácticas sadomasoquistas. Una cuestión de opinión, por supuesto, porque respeto profundamente a la gente lo suficientemente valiente como para llevar a cabo tales actividades sexuales. Supongo que yo soy, a juicio de Lion Romano, una aburrida vainilla. ¿Y por qué digo esto? No es porque quiera haceros un reportaje de mi vida, eso nunca; sino porque, contra todo lo que podáis pensar, Lena Valenti nos muestra la cara amable de la sumisión. La que habla de respeto, honestidad, confianza y, sobre todo, placer.
 Cleo lleva muy mal saber que va a ser la sumisa – contra su voluntad – de Lion. Él fue una persona horrible en el pasado, un niño que no la soportaba y no hacía más que hacerle la puñeta. Al parecer, la pobre no ha escuchado nunca esa cancioncilla de críos que dice “los que se pelean se desean”; porque salta a la legua, desde el minuto cero que, como poco, Lion quiere llevársela a la cama. Está de suerte, es parte de la misión hacerlo. Bromas aparte, creo que el agente Romano es un hombre, cuanto menos, curioso. Valiente y cobarde, pura visceralidad.
 Con una pericia y tiento envidiables, Lion Romano introduce a Cleo en los artes de la dominación y la sumisión. Qué se siente al contener un orgasmo, al recibir un latigazo, al llevar pinzas para pezones, bragas vibratorias o vibradores anales. Un estudio detallado de cómo estimular el cuerpo de una mujer – en este caso –, además de un verdadero manual de cómo funciona la sumisión. Amos y amas, sumisos y sumisas. Juegos de rol. Por el amor de todos los dioses, ¡al principio se me abrían muchísimo los ojos! Amos del calabozo, amos unicornio, oráculos, monos voladores… Toda una serie de personajes que, al parecer, son clasicazos de “Dragones y mazmorras” – juego al que, por cierto, no he tenido el honor de jugar en toda mi vida.
 Agradecí profundamente que el libro no girara sólo entorno a la formación de Cleo como nueva sumisa. Quiero decir, sentía curiosidad, ¡claro que sí!, pero de vez en cuando agradecía los respiros que Romano le brindaba. Me gustó ver cómo se manejaban en situaciones tan cómicas como la que nos presentan los padres de ambos o la adorable señora francesa de la tienda de vestidos; pero me gustó más aún poder disfrutar de la visceralidad de ambos. Me pasé la lectura diciendo que tenían problemas de comunicación. Lo mantengo. Veréis, yo soy una persona atrozmente franca, una de esas que abren la boca, sueltan lo que piensan y sigue tan campante. Tal vez por eso me molestó tanto que ni Lion ni Cleo tuvieran el aplomo suficiente como para decir lo que de verdad sentían. Voy a detenerme en este punto. ¿Qué gana cualquier persona, exactamente, enmascarando la verdad? No digo que todo el mundo tenga que ir por la calle haciendo sentencias, ¡ni mucho menos!, pero si quieres a alguien y lo/la quieres de verdad… ¡Joder, dilo y punto! ¿Qué miedo hay? ¿El rechazo? Quién no arriesga, no gana, ¡maldita sea!
 Dejando mis cavilaciones de lado, el elenco de personajes es exquisito. Desde el misterioso Prince hasta la terrorífica Reina de las Arañas. Un diez, sí señor. Respecto a los dos que nombro, tengo mis teorías; aunque, claro, no quiero hacer ningún spoiler. Lo que sí diré es que Lion me puso histérica. Histérica de verdad. Ese hombre es celoso hasta la extenuación pero, ¡ojo!, no hace más que ofrecer excusas. Lo hace por la misión, dice; no tiene nada que ver con ella, se recrimina a sí mismo; pero tienes las santas narices de acostarse con ella, recordar  cada maldito segundo y… ¡Sorpresa! Decirle que ha tenido que ser terriblemente aburrido hacerlo al estilo vainilla para que no recuerde nada y se quedara dormido. ¡Cretino mentiroso!
 Magnus, para mí, pasó sin pena ni gloria. Un hombre guapo que no consigue lo que quiere. Ahora bien, me molestó un poco la actitud de Lion hacia él. Romperé una lanza a favor de nuestro nuevo amo, y es que, cuando por fin entiende que entre Magnus y Cleo no hay absolutamente nada, se limita a dejar que ella siga creyendo que vive en la más absoluta de las ignorancias.
 El final es de infarto. No me esperaba que interviniera quien, en efecto, lo hizo. El resto, por suerte o por desgracia, sí que lo suponía. Os daré una pequeña pista, por si alguien tiene pensado leer o está leyendo el libro. La Reina de las Arañas tiene un poder clave en la historia, uno que hará que la segunda entrega sea posible. Y Cleo luchará con uñas y dientes por esa oportunidad, por ganarse el favor de esa mujer que, a juicio de nuestra protagonista, tiene mucho que ver con la desaparición de Leslie.

Con todo, La doma es un libro cargado de humor, erotismo y elegancia. Con una prosa cuidad, nuestra querida Lena Valenti nos pasea por la cara amable del BDSM, enseñándonos todo aquello que hará de Cleo una pieza clave para la misión. No sé a qué esperáis para leerlo.

Nota: 4,5/5

Citas

(…)
-No lo haré, la Virgen de los azotes me libre – musitó entre dientes.
(…)

(…)
-¿Te canto una nana también, señor? <<Duérmete niño, duérmete ya, que viene Cleo y te la cortará>>.
(…)

(…)
 Todo pasaría. Pasaría, porque el tiempo curaba las heridas.
(…)

(…)
 El silencio podía decir muchas cosas: hablaba de disculpas y lo sientos; hablaba de lamentos y de dolor; hablaba de amor y de corazones rotos; de miedo a aceptar quién uno es en realidad y de miedo a que no te acepten.

(…)

15/7/17

Reflexiones de una lectora 4: Seamos feministas

Reflexiones de una lectora
4

¡Hola, hola, hola!

 Esta vez quiero hablar de algo serio. Hace poco me sumé a una iniciativa – podéis verlo en el lateral derecho del blog –, la Iniciativa Bloggers Feministas (IBF), propuesta por Hydre Lana, del blog El blog de Hydre Lana. Un amor de chica, si queréis mi opinión. No dudéis en pasaros por allí, porque de verdad vale la pena. ¡Id corriendo a echar un vistazo a su propuesta!

 ¿Y cómo quiero intentar concienciar yo, además de con lo que ya propone la buena de Hydre Lana? Con una pequeña reflexión, sí, sí. ¡Vamos a ello!


Seamos feministas


Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas.
Las chicas, Emma Cline

 Chicas, chicas y más chicas. Chicas que sufren, chicas que se ríen, chicas que lloran y otras que se enfadan. Pero siempre chicas. Supongo que sobra decir que, como chica que soy, doy mil millones de gracias al cielo por todo lo que hemos avanzado. Por el hecho de que no dependamos ya de los hombres para ir a hacer algo tan banal como tomar una cerveza después de un día de mierda, para ir a comprar, para salir… La cosa va de derechos y, aunque aún queda camino por recorrer, vamos paso a paso hacia la igualdad. Preciosa palabra, esa de igualdad.
 ¿Y por qué os cuento esto? Siempre digo que, después de 2017 años de historia, es harto patético que persistan algunos tópicos. Tópicos dañinos que, desgraciadamente, nos afectan directamente como lectoras, y como lectores, por supuesto. ¿Qué tópicos? A ver si os suenan mis ejemplos:
 Caso 1. Chica desamparada en mitad de la lluvia con una rueda pinchada y, sorpresa, sorpresa, viene un pene en su rescate. Sí, un pene. Decidme, ¿es qué por tener vagina no sabemos usar un condenado gato? ¿No somos capaces de cargar con una rueda? Porque si es así hacédselo saber a mis profesores de artes marciales, a ver si así nos ahorráis a mis compañeras y a mí las pesas. Chica en apuros. Chica que necesita a un chico. ¡Y una mierda!
 Caso 2. Chica a la que acosa un chico. Un desgraciado mirón y baboso que es capaz de forzarla a lo que sea, pero ojo, que aparece nuevamente un pene vengador y… ¡Sorpresa, sorpresa, sorpresa! ¡Todos salvados!
 Caso 3. Es muy tarde y una chica tiene que volver sola a casa, algo impensable para el pene con el que se ha estado acostando. Y es que, al parecer, los penes son salvavidas. Sí, sí, como os lo cuento. ¿Sabéis esas frases de ancianas, esas que vienen a decirnos que “tu hermano sale hasta tarde porque él es un chico”? A lo que yo contestaría: “y tú yo somos chicas, ¿se puede saber de parte de quién coño estás?”.
 Casos y más casos. Pensad en el que queráis. Chico que libra a la chica de una situación difícil, chico que mantiene económicamente a la chica, chico que somete a la chica a golpe de palabra… Chicas, chicas, chicas. Chicos, chicos, chicos. ¡Busquemos las similitudes, que las diferencias son evidentes! Todas, todos, somos personas. Ellos y nosotras. Nosotras y ellos.
 Hablaba hace poco con unas amigas sobre estas cosas. Hablaba de la literatura que, desgraciadamente, transmite valores erróneos. Y lo más patético del tema es que buena parte de esa “literatura” la escriben mujeres. Mujeres que, al parecer, no valoran todo lo que otras mujeres han tenido que sufrir para que a día de hoy estemos donde estamos.
 Rompamos con eso. Mandemos al maldito infierno toda esa ristra de tópicos enfermizos, de clichés opresivos que nos devuelven al asqueroso patriarcado. Demos una patada en el culo a todas esas palabras hirientes, a todos esos sucios comentarios que nos hagan sentir inferiores. Ni lecciones de cómo vestirse, ni sanciones o castigos por no tener sólo amigas, ni miradas asesinas porque alguien esté “tirándole los trastos, la caña o lo que os dé la gana” a la chica de “x”. No hay chicas de nadie, al igual que no hay chicos de nadie. Somos todos iguales. Todos y cada uno de nosotros, todas y cada una nosotras.

 Rompamos con eso, decía. Desde abajo. Empecemos una revolución, una en la que podamos denunciar todo aquello que es injusto, en la que nadie se sienta oprimida u oprimido bajo la fuerza, física o verbal, de nadie. Luchemos. Con uñas y dientes. Luchemos hasta que consigamos que todas las nuevas lectoras defiendan las relaciones sanas, las que no hablen de qué ropa ponerse, de cómo sonreír, de cómo maquillarse… una literatura que no implique etiquetas como “puta” o “calienta-pollas” para las chicas que tengan vidas sexuales activas, una que no hable de chicos con pasados de mierda que pretendan justificar reacciones abusivas. Hablémosles de relaciones sanas, de hombres que respeten, de mujeres que se hagan respetar. Hablémosles de personas. Seamos, todas y todos, todos y todas; feministas. 

8/7/17

RESEÑA #86: LAS CHICAS


RESEÑA #86: LAS CHICAS

¡Hola, hola, hola!

 Si alguien me hubiera dicho, hace poco más de dos o tres meses, que tendría que interesarme por los procesos que se siguen en una secta, me hubiera reído. Nunca me ha interesado ese tema, ni siquiera por el “morbo” que podríamos decir que suscita la mera mención de la palabra. ¿Sabéis ese dicho, el de “nunca digas: de éste agua no beberé”? Pues es cierto. Para una de las asignaturas de la carrera – psicología de los grupos –, tuve que realizar en grupo un trabajo sobre las sectas. El tema a mí me parecía aberrante, pero la elección democrática dejaba bien claro que mi opinión importaba poco o nada. ¿Y por qué os cuento todo esto? Muy sencillo. La secta que escogimos nosotras fue la que lideraba Jim Jones (la Secta del Pueblo) y el libro Las chicas trata sobre la secta liderada por Charles Manson. ¿Os suena? ¿No? Bueno, ¡dentro reseña!

Ficha técnica



Título: Las chicas
Autora: Emma Cline
Editorial: Anagrama. Panorama de narrativas
Número de páginas: 312
ISBN: 9788433979582
Precio: 19,90€

Sinopsis

 California. Verano de 1969. Evie, una adolescente insegura y solitaria a punto de adentrarse en el incierto mundo de los adultos, se fija en un grupo de chicas en un parque: visten de un modo descuidado, van descalzas y parecen vivir felices y despreocupadas, al margen de las normas. Días después, un encuentro fortuito propiciará que una de esas chicas, Suzanne, unos años mayor que ella, la invite a acompañarlas. Viven en un rancho solitario y forman parte de una comuna que gira alrededor de Russell, músico frustrado, carismático, manipulador, líder, gurú. Fascinada y perpleja, Evie se sumerge en una espiral de drogas psicodélicas y amor libre, de manipulación mental y sexual, que le hará perder el contacto con su familia y con el mundo exterior. Y la deriva de esa comuna que deviene secta dominada por una creciente paranoia desembocará en un acto de violencia bestial, extremo.

Mi opinión

 Evie Boyd es una adolescente como cualquier otra. Una niña de catorce años que se preocupa por banalidades como saber la forma exacta de gustar a los chicos, una de esas niñas que tienen una mejor amiga con la que va a todas partes. Ahora bien, la pequeña Evie tiene un problema: se siente totalmente fuera de lugar en su casa, como si el hecho de que su madre se preocupara por sí misma y no sólo por ella fuera motivo de enfado, como si el divorcio de sus padres fuera algo de dimensiones exacerbadas… como si le faltara algo. Lo peor de todo, es que para el nuevo curso sus padres han decidido meterla en un internado; y todo porque sus notas no son buenas.
 Sobra decir que todos los “problemas” antes descritos son iguales para todo el mundo. Todo el mundo ha sido pequeño, así que, ¿qué hay de malo en dejar que la edad del pavo pasee ante nuestros ojos? Ahora bien, hay límites. Evie, la dulce e inocente Evie, ve un día a unas chicas. Unas chicas de aspecto despreocupado, casi salvaje. Las chicas.
 Comentaba en el inicio de la entrada que jamás me ha interesado el tema de las sectas. Lo mantengo. Me parece perturbador, malsano y, ¡qué demonios!, da un mal rollo de tres pares de narices. Contrariamente a lo que podáis pensar, Emma Cline no hace apología de este, digamos, fenómeno. Hace un análisis exhaustivo, uno que pasea por las etapas de la adolescencia y los estadios de la captación de adeptos. Un trabajo brillante, si queréis mi opinión; porque la atmósfera opresiva, el descuido y la verborrea carismática impregna todas y cada una de las páginas de este libro.
 Entre las chicas, hay una que parece brillar con luz propia. Suzanne Parker, mano derecha de Russell, junto con Guy – un chaval cuyo único papel es ejercer de algo muy similar a un chulo, para que os hagáis una idea –. Evie cae rendida ante su desparpajo, ante su mal humor y su osadía. Atributos positivos a ojos de una niña impresionable que sólo quiere un poco de cariño. Aquí quiero detenerme un momento. No consideré, en ningún momento, que Evie Boyd fuera una de esas chicas desatendidas. Todo lo contrario. Su madre la quiere, y así lo demuestran sus actos. Tal vez su comportamiento acusatorio y ofensivo hacia los “pretendientes” de su madre no se deba más que a un desajuste tras el divorcio; pero, sintiéndolo mucho, me pareció desmedido.
 Volviendo a la trama, que es lo que nos ocupa, Evie se pelea con su mejor amiga una tarde cualquiera y, dado que no tiene nada mejor que hacer, decide ir a comprar a la tienda. Lo que empieza siendo un acto banal, se convierte en el inicio o, al menos, primer contacto de nuestra protagonista con las chicas. Suzanne quiere papel de váter. De hecho, quiere robarlo. Y Evie finge que lo roba, sólo para hablar con ella.
 Supongo que no estaría de más explicaros cómo sucede todo realmente. El libro nos lo narra la propia Evie, con su egoísmo y sus motivos; pero nos habla del pasado sin perder de vista su presente: una mujer que no tiene nada, que vive encerrada en sus recuerdos, prisionera sin celda del mal sabor del arrepentimiento.
 El incidente del papel de váter, puramente anecdótico, nos conduce al desencadenante real. Evie Boyd pedaleando furiosamente, viendo cómo la cadena de la bicicleta se sale y alzando la cabeza para toparse con un gigantesco autobús negro del que se baja Donna, una de las chicas, diciéndole que suba, que van a ayudarla y dejarle que participe en el Solsticio de Verano. Amigas, amigos… ya estamos dentro.

 Y, ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

 Se ha estudiado que, en las sectas, lo más importante es aprovechar la vulnerabilidad del futuro adepto. Se ha estudiado que las drogas, palizas y rezos son importantes para obtener la sumisión absoluta. Se han estudiado las vertientes, los métodos… y, pese a todo, lo más sorprendente es que siga habiendo gente desalmada que usa todo eso no cómo objeto de estudio, sino como proyecto de futuro. Nuestro dulce y carismático Russell, se presenta ante Evie Boyd la noche del solsticio, con sus palabras dulces, sus canciones de amor libre y despersonalización del yo. ¿Y qué hace la dulce Evie, la niña que cree que su madre no la quiere o, al menos, no la merece; la niña que no soporta la indiferencia de su padre, ese que se acuesta con una mujer mucho más joven y, para colmo, vive con ella? Se lo cree todo. Palabra a palabra.
 Evie Boyd no ve la cantidad de mierda que impregna el rancho. Huele el olor putrefacto, ve la miseria que comen, las pupilas dilatadas por las drogas, casi puede palpar el humo de la marihuana. Lo ve todo, pero está tan ciega, tan rematadamente cegada por la magnificencia subjetiva de Suzanne, que cede. A todo. Deja que Russell le diga lo preciosa que es, deja que el señor Russell la masturbe en un remolque lleno de mierda, ese hombre que deja que esa pobre niña se una a la maldita secta. ¡Un hombre adulto beneficiándose a una niña! ¡Y no sólo eso! ¡Beneficiándose a todo ser con vagina que ande por allí! ¡Venga ya!
 Sí, lo sé, lo sé, me enfado. Pero es que no me faltan motivos. El speed, el ácido y la maría se convierten en la constante de la vida de Evie. Drogas que hacen que flipes lo que no está escrito, por el módico precio de sentirte parte de algo. Sentirte parte de algo. Permitid que me ría, porque tiene narices el asunto. La despersonalización, la pérdida de la identidad para la consumación del yo grupal; palabras bonitas que tienen un único objetivo: Russell quiere dinero y sus adeptos, sus fieles seguidores, van a conseguirlo.
 La historia, en líneas generales, es muy buena. Vemos los pasos de Evie por aquel mundo depravado, la vemos robar a su madre, a su vecino. La vemos, además, siendo mancillada por manos obscenas. No es que yo tenga nada en contra del sexo libre, es que aprovecharse de una cría me parece, sencillamente, asqueroso. Porque eso es lo que pasa aquí, que Evie Boyd lo da todo por sentirse querida, por sentir que alguien le presta atención, por escuchar palabras dulces de otras bocas.
 Russel y Mitch me dieron verdadero asco. Puede que más el primero que el segundo, pero ojo, que el señor Mitch tiene las santas narices de acostarse con Evie, así que para el caso son el mismo tipo de mierda con distinto nombre. A lo que voy. Mitch le dice a Russell que firmarán en la discográfica, algo que favorecerá “el grupo”. Y al final, sencillamente, no  lo hace. ¿Y qué pasa después? ¿Se va de rositas? Por supuesto que no.
 Suzanne es, a todas luces, el alma del libro. Una chica atormentada, desprovista de compasión o sentimientos positivos que vayan más allá de lo que Russell le pide. Una chica que, probablemente, necesita tanta atención como Evie, ya que nuestra propia protagonista habla de ella como alguien con quien “conecta”. Si me preguntaran si me gustó el personaje de Suzanne, diría que sí. Sus sombras, las oscilaciones de su carácter, el cómo cuida de Evie, pese a que ésta sólo quiera estar con ella… me asombraron y me horrorizaron a partes iguales. Tal vez sea una cuestión de buena construcción, puede que Emma Cline logre con su prosa vendernos bien el asunto; pero yo sigo pensando que lo que inclinó la balanza, lo que de verdad hizo que me gustara Suzanne, fue el hecho de que supo parar a tiempo. No sus actos, aquello fue aberrante; sino la depravación de Evie Boyd. La sacó del coche. La sacó del maldito coche.
 No quiero desvelar nada. El libro cuenta con todo lo necesario para hacer de la lectura una delicia, una que deja un sabor amargo, eso sí. Y es que el final me resultó más abrumador todavía que el resto de la historia. Ver cómo, poco a poco, la vida el rancho se vuelve oscura, aislada y deprimente. Todo ese amor libre de finales de los sesenta, rozando los setenta, convertidos en un bucle de odio que engendra una verdadera locura. Desolador, sin duda. No sé a qué esperáis para leerlo.

Con todo, Las chicas es una novela cargada de emociones. La vida de Evie Boyd, convertida en un amasijo de decepciones. A través de la deliciosa pluma de Emma Cline, podemos adentrarnos de lleno en la truculenta vida del rancho; vida que cambia, y mucho, durante la estancia de nuestra protagonista.

Nota: 4/5


Citas

(…)
 Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas
(…)

(…)
 Gran parte del deseo, a esa edad, era un acto deliberado. Nos empeñábamos en difuminar los bordes toscos y decepcionantes de los chicos para darles la forma de alguien a quien pudiéramos amar. Decíamos que los necesitábamos desesperadamente con las palabras típicas, repetidas de memoria como si estuviésemos leyendo una obra de teatro. Más tarde lo vería: lo impersonal y rapaz que era nuestro amor, enviando su señal por todo el universo con la esperanza de encontrar un depositario que diera forma a nuestros deseos.
(…)

(…)
 Tamar no estaba siendo ruin, pero me sorprendió, esa facilidad con la que desmontó a mi padre. Nunca se me había pasado por la cabeza, en realidad, que pudiera ser una figura cómica, alguien que cometía errores, o que actuaba como un niño, o que iba tropezando sin remedio por el mundo y necesitaba que lo guiaran.
(…)

(…)
 Querías algo y no podías evitarlo, porque no había nada más que tu vida, era sólo contigo con quien te despertabas, ¿y cómo te ibas a decir a ti mismo que lo que querías estaba mal?

(…)