24/12/16

Retazos #3: Exposición


Exposición

¡Hola, hola, hola!

 ¡Ho, ho, ho, feliz Navidad! ¡Espero que estas fiestas estén llenas de lecturas estupendas! J ¿Qué tal os ha tratado la semana? ¿Ya tenéis ganas de iniciar el año? ¿Algún plan? Yo de momento no creo que haga gran cosa, aunque no descarto planes de última hora.

 Esta semana – después de una desaparecida – quería traeros un book-tag, aunque al final no me he visto con ganas de hacerlo y, bueno, he decidido traeros una entrada de la sección más jovencita del blog. ¿Nos ponemos a ello?

Exposición



 Siempre le había gustado estar sola, pero rodeada de gente. Siempre le había gustado saberse observada, tal vez querida desde lejos; pero sola al fin y al cabo. Siempre le había gustado, porque era fácil. Por eso se sentía tan perdida leyendo aquellas palabras.
 Sentada con la vista puesta al frente, observaba la fría noche que se cernía sobre la ciudad. Podía ver cómo las farolas proyectaban sus luces y sus sombras sobre la gente que se atrevía a salir allí afuera, embutidos en gruesos abrigos, luciendo coloridas bufandas. Personas valientes. Personas que no temían lo que pudiera pasar después. Y ella sólo los miraba, buscando en ellos algo de sí misma, preguntándose qué hacer con aquellas estúpidas palabras que habían conseguido trastornar su paz, su maldita tranquilidad, su jodida armonía.
 Estaba enfadada. Enfadada de verdad. Enfadada porque no sabía cómo lidiar con aquello, cómo decir lo que realmente pensaba. Cómo ser débil sin dejar de ser valiente. Y es que cada vez que pensaba en ello sonreía con tristeza, sintiéndose de nuevo pequeña. Pequeña porque aquellas palabras la herían, porque le hacían pensar en cosas que ya creía enterradas. Porque había promesas. Y ella sabía que las promesas no eran más que palabras que se llevaba el viento.
 No se engañaba, sabía que se le pasaría. Sabía que sólo era pasajero, que el tiempo ejercería su magia y la haría olvidar. También sabía que había otra solución, la de los valientes, la de las personas que no temen sentirse expuestas. Pero la valentía andaba muy lejos en aquellos momentos. Y ella sólo quería que el tiempo actuase, que la monotonía se cerniera sobre ellos, haciendo que todas aquellas palabras, todas aquellas promesas, cayeran en las garras del olvido.


9/12/16

RESEÑA #73: EL LIBRO DE MIYA


RESEÑA #73: EL LIBRO DE MIYA


¡Hola, hola, hola!

 Me gusta pensar que estoy consiguiendo ponerme al día, así que vamos a obviar el hecho de que estos últimos han sido el vivo reflejo del desorden y vamos a dejar las cosas claras. Este mes tengo pensado subir, contando esta, cuatro entradas: una cada viernes. Sí, sí. Estoy que lo tiro. Siguiente punto. Quiero mantener el blog totalmente al día, dedicándole, al menos, un día a la semana. ¡A ver si lo consigo! Así que sí, amigas y amigos, este mes tendréis un atracón de reseñas de la saga Vanir. ¿Estáis listas?¿Listos? ¿Sí? ¡Dentro reseña!

Ficha técnica



Título: (Vanir 5) El libro de Miya
Autora: Lena Valenti
Editorial: Vanir
Número de páginas: 512
ISBN: 9788493933821
Precio: 21,90€

Sinopsis

Róta es conocida en el Valhalla como «la valkyria que todo lo ve», y es una de las guerreras indomables que Freyja y Odín mandan a la Tierra para que rcuperen los tótems robados de los dioses, aquellos que pueden acelerar el ragnar"k. Pero el destino le ha jugado una mala pasada y ha hecho que se encontrara cara a cara con el guerrero que se había encomendado a ella: Miya, un vanirio samurai. Ella sabe que él le pertenece, y aunque se siente ofendida porque no la reconoce, está deseosa de demostrarle que las valkyrias nunca se rinden. Sin embargo, el hermano gemelo de Miya, Seiya, la ha secuestrado y quiere obligarla a vincularse con él. ¿Lo conseguirá? ¿Su vanirio samurái irá en su busca? ¿La rescatará a tiempo antes de que Seiya rompa sus alas? La batalla final se acerca, pero una mujer temeraria e irascible luchará por que nadie la doblegue. ¿Cuánto tiempo durará su furia? Miya forma parte del clan vanirio de Chicago. Es un guerrero ancestral, un samurái que vive obsesionado con la profecia que cae sobre él y su hermano. Un hombre que cree firmemente que ha perdido la oportunidad de emparejarse a su pareja de vida. Por eso, cuando ve descender a la valkyria de pelo rojo, todos sus miedos y sus dudas se disparan. Verla lo dejó paralizado. Ser víctima de su afilada lengua lo enfureció. Probarla fue un error. Ahora nada podrá quitarle el sabor de su sangre ni el recuerdo de su conexión y hará lo posible por rescatarla, porque debe averiguar qué es lo que le una a esa mujer descarada y malhablada con ojos de rayos y centellas. Debe salvarla de las garras de su hermano Seiya, antes de que sea demasiado tarde. Lo hará para que no se cumpla la profecia, lo hará por venganza, pero, también, lo hará para no perder ni su alma ni su corazón. Las espadas de los dioses están en alto. Los tótems divinos deben ser recuperados. El Ragnarök se afila como la hoja de una katana. Y en la travesía por rescatar y ser rescatado, un vanirio y una valkyria están a pundo de descubrir.

Reseñas de libros anteriores





Mi opinión

 Alguna vez he dicho que me gusta mucho la visceralidad en los protagonistas. El hecho de que puedan ser buenos y malos al mismo tiempo, el hecho de que sean humanos, porque todo el mundo es a la vez altruista y egoísta, ¿sí? Bien, pues aquí la visceralidad la encarna Róta. La gran Róta – un nombre curioso, si me permitís el comentario –, esa valkyria que dejamos en las garras de Seiya, el hermano gemelo de Miya, en el cuarto libro de la saga. Un vanirio con serios problemas mentales, la verdad, porque el hombre está como un verdadero cencerro. Menos mal que nuestra Generala, Bryn; y Miya están en camino.
 Después de la pequeña decepción que supuso para mí El libro de Gabriel, puedo decir que esta quinta parte es una de mis favoritas de la saga. No soy una persona disciplinada, de hecho podría decirse que soy todo lo contrario; pero me maravilla el mundo oriental: sus reglas, sus normas en lo que al respeto por el oponente se refiere y su disciplina casi militar respecto al autocontrol. Me fascina que sepan decir “no” aunque se mueran por decir “sí” y, creedme, Miya es un gran protagonista justamente por eso: la viva imagen del control, el antónimo perfecto para nuestra indomable valkyria.
 Aun a riesgo de equivocarme, creo que este libro es el que más información aporta a la saga, al menos de momento. No sólo se nos empiezan a aclarar algunos asuntos referidos a los dioses; sino que también podemos empezar a entender la saga como unidad, como un todo que va encaminado a algo mucho más grande: el Ragnarök o fin de los tiempos. Me fascina el hecho de que Lena Valenti siga haciendo que sintamos cercanos a viejos protagonistas, que nos arrebate sonrisas con apariciones estelares, que nos recuerde que, de un modo u otro, aún queda mucho por decir. Chapó.
 Miya no puede creer su mala suerte: esa valkyria indisciplinada amenaza con volverle completamente loco. Esa valkyria con olor a mora, esa que parece ser su caráid, por mucho que a él le duela… esa mujer que jura que él se encomendó a ella al morir, instantes antes de convertirse en un vanirio. Róta tampoco sale mejor parada: ese hombre del que lleva una eternidad enamorada no la reconoce como suya, no la soporta y, en cierto modo, desprecia su modo de vida.
 Lo que nuestra valkyria no sabe es que, después de ser rescatada, Miya tiene una importante misión que llevar a cabo: marcar a Róta como suya para que no se cumpla la profecía de los Futago a favor de Seiya. Ahora bien, ¿podrá lograrlo sin que ella se entere o, como suele pasar, la mentira le explotará en la cara y tendrá consecuencias?
 La espada de Frey está muy cerca, mucho. Y sólo uno de los dos hermanos podrá empuñarla… ¿o no? No quiero hablar de más, porque a estas alturas poco es mucho y ya sabéis que no soy partidaria de destripar libros; así que hablaré de algo que ha logrado que de verdad me pique la curiosidad. En la reseña anterior comenté que Bryn, la Generala, no era, ni de lejos, un personaje que me agradara. Aunque me mantengo en mis trece (obviemos que ya no soy tan joven, gracias), debo reconocer, prácticamente a regañadientes, que he llegado a sentir pena por ella. Ojo, no digo que a Ardan le falte razón, ¡ni mucho menos!, sino que las cosas, como siempre, hay que hablarlas. Comprendo que él se sienta despechado. Lo comprendo y lo respeto pero, vamos a ver, no puede basar su venganza en tenerla cogida a unas palabras que pueden acabar con su vida tal y como la conoce. Y es que nuestro Ardan, ese nuevo personajillo que conocemos entre las páginas de esta quinta novela, es un dictador con tintes sádicos de lo más sugerentes. Podéis imaginaros qué tipo de club regenta, ¿verdad? Un hombre rudo, sin duda, pero con un corazón escondido. Un corazón que sólo reserva para su pequeño sobrino. Al menos de momento.
 Miya y Róta. Róta y Miya. Dos personas completamente opuestas. Dos personas que no confían la una en el otro. Dos personas que pueden destruirse. Dos personas que, en esencia, tienen mucho que aprender. Porque la disciplina está muy bien, pero el caos, amigos y amigas, tampoco es tan malo.

Y ahora, bienvenid@s a la Zona Spoiler

 Tengo muchas dudas. Muchas. La primera de ellas concierne al verdadero papel de Bryn en esta historia. Me ha gustado ver que en el fondo de su retorcido corazón hay todavía algo de humanidad, que hay algo que rescatar, algo que ruega por salir y encontrar ese reconocimiento del que se le privó a favor de una causa mucho mayor: la visceralidad de Róta. Supongo que son cosas de estos dioses tan caprichosos, pero, oídme, esa chica se lo va a pasar muy mal bajo las manos de Ardan, que ese de santito tiene muy poco. Estoy segura de que Lena Valenti tiene guardado un bombazo para el séptimo libro. Libro que, por cierto, me muero por devorar; pero ahora mismo lo que de verdad me aterra es que podamos estar frente alguien peor que Caleb McKena, si es que eso es posible. Ardan. Qué Dios nos pille confesados.
 Otra de mis dudas se inclina a favor de Nana. No sé cuál es su cometido, aunque no dudo que será algo grande. Sin embargo, si hay algo que de verdad me tiene intrigada, es saber qué diablos vio Róta cuando cogió el maldito collar de marfil.
 La historia en líneas generales es de diez, tal vez a excepción de algunos matices que a mí me sacaron la venilla salvaje – soy muy susceptible con ciertas cosas, lo siento –. Con esto me refiero a que para mí no tenía el menor sentido que Miya fuera tan cabezota respecto a sus dudas en lo que a su pareja concierne. Vamos a ver: si ella es realmente su valkyria y ella se identifica a sí misma como tal, ¿por qué sigue pensando que no es más que el mismísimo demonio esperando a pillarlo en un momento de debilidad para matarlo? ¡Por Dios, es que el chico puede cogerse de la mano con Adam e irse al país de los recelosos!
 Bien es cierto que más de una vez nuestra querida valkyria nos da motivos para preocuparnos. Su impulsividad es tan sumamente alta que roza lo suicida. Eso sí: la chica tiene las ideas muy claras. Me fascinó que fuera hija de una ninfa y un nigromante, la verdad; sobre todo porque eso hacía que, en cierto modo, no sólo sus nonnes fueran importantes. No me malinterpretéis, no digo que ella hasta el momento fuera una inútil, ¡todo lo contrario!, sino que me pareció muy acertado darle un papel tan importante como la psicometría.
 Es un clásico en esta saga el reconocimiento de los errores y el enfrentamiento a la pérdida para sellar los compromisos a largo plazo; pero no por ello me gusta menos. Si soy totalmente sincera, en este libro he quedado más que satisfecha con todo en general. Me gusta que Miya se redima, que olvide sus demonios con ayuda de esa mujer alocada que tanto le fascina; pero también me maravilla que Róta acepte el miedo y la vulnerabilidad como algo asequible y plausible. La altanería de la que ambos hacen alarde al principio, cada uno a su manera, queda reducida a cenizas y eso, amigas y amigos, es lo que yo de verdad valoro siempre: la evolución.
 El final es, ¡cómo no!, épico. Cargado de tensión y momentos duros a la vez que dulces y desgarradores; pero precioso en su conjunto. Una vez más, me quito el sombrero ante Lena Valenti.

Con todo, El libro de Miya es una quinta parte que da mucho de lo que hablar. Con dos protagonistas fuertes, cabezotas y sencillamente maravillosos, Lena Valenti nos lleva, una vez más, por el rocambolesco y truncado mundo de los dioses. El Ragnarök se acerca. Y nuestros queridos personajes cada vez están más preparados.

Nota: 4,75/5

Citas

(…)
 Pero sentir tanto dolor, experimentar la agonía física era la señal de que todavía seguía con vida. Y ella lucharía por su vida hasta las últimas consecuencias.
(…)

(…)
 Róta no se engañaba. Había pasado por una experiencia traumática, era cierto. Pero ella no era de las que se encerraban en sí misma y no superaban los palos que podía darle la vida. No era que fuera despreocupada, no se trataba de eso. Ella centraba su mente en el ahora, y eso la obligaba a no revivir el pasado, ni a visualizar nada del futuro.
(…)

(…)
-Oye, ¿esto me va a gustar? – beber sangre no debía ser ni muy bueno ni muy agradable –. Sé que vosotros os podéis correr sólo con beber sangre, pero yo no soy vaniria, soy una valkyria. Además, esto puede cambiar mi cuerpo…
-¿Qué dices? – Miya le puso las manos en las caderas y la pegó a él –. Hablas demasiado.
-¿Y si me convierto en <<valpira>> o en <<vankyria>>, o peor, en <<vampyria>>? ¿Qué pasaría?
(…)

(…)
-¿Estás bien, Bryn? ¿Quieres un masaje? – Imitó la voz grave y serena de Mita –. Uy, no. Gracias, Miya, es que tengo lepra… – Bryn levantó la cabeza para mirar al samurái y decirle algo, a lo que Róta continuó con su diálogo inventado –. Soy como Mr. Potato. Me tocas y me caigo a trozos… No pasa nada, Generala – imitó a Miya –. Yo tengo clamidias… Qué bien – otra vez Bryn –. ¿Te rasco un poco los huevos?
(…)

(…)
-¿Por qué te puedo tocar? – se preguntó en voz baja, extrañado por ese hecho. Él no podía tocar a Nanna, la valkyria que se había llevado a Gabriel, la misma que le había clavado un puñal a Guddine en el hombro, cuya herida no podía sanar.
-¿Por qué soy de carne y hueso? – le dijo Bryn irónicamente –. ¿Este qué es? ¿Retrasado? – gruñó apartándose de él.
-No quieras saber mi opinión – contestó Caleb con sorna.
-Métete un ajo por el culo – replicó Noah.
(…)

(…)
-A la Generala le gusta todo lo que tenga palancas fálicas – comentó Róta mirando el cinturón de seguridad como si fuera un chiste malo.
(…)

(…)
 Ella era una clara representación del Bushido y por eso la admiraba todavía más. El Bushido comprendía la ética trascendental del samurái: vivir incluso cuando ya no se sienten deseos de vivir.
(…)

(…)
-La flor de cerezo es perfecta – le explicó él –. Es corta, es impecable y es bella, como la vida. Como nuestra vida humana.
(…)

(…)
-Y lo del ogro… fue una broma que le gasté a Bryn.
-¿Qué le hiciste a Bryn? – se moría de ganas de saberlo. Las bromas entre Bryn y Róta debían de ser muy pesadas.
-¿Qué qué le hice a tu querida Generala? – repitió con todo receloso –. Verás, una vez nos colamos en el Jotunheim y luchamos contra unos ogros. Yo le corté la tranca a uno de ellos y me la guardé.
-¿Le cortaste el pene a un ogro?
-Claro. Esa noche Freyja celebró una cena en el bosque de Glaser, que rodea el VAlhal con sus árboles llenos de hojas, rojizas – describió melancólica –. Como plato principal, Andrihmnir, que es nuestro cocinero, nos puso cerdo.
-Eso lo he visto – la cortó Miya –. Coméis cerdo muy a menudo. ¿A cuántos tenéis que matar para alimentar a tanto guerrero? Pensaba que los dioses eran vegetarianos.
-Ah – Róta se echó a reír –. Lo son, ellos no comen carne. Se lo ofrecen a sus guerreros y a sus Valkyrias, que, por si no lo recuerdas, son de naturaleza humana y sí les gusta.
-Ser la mujer rayo no es ser humana – señaló él con una media sonrisa devastadora.
 Róta lo miró como si estuviera loco y soltó una carcajada.
-Eres gracioso, Kenshin – recostó la cabeza en su hombro con confianza –. El cerdo es el mismo cada noche. No matan a un cerdo cada día, los dioses respetan a los animales. Se llama Saechrimner, y renace de sus cenizas.
-Es como un Ave Fénix.
-O como un cerdo zombi.
 Miya sonrió y negó con la cabeza.
-La cuestión es que yo le corté el pene al ogro en rodajas y lo puse en el plato de Bryn, lo sazoné en las especias y las salsas que había en la mesa y…
-Qué asco. En serio. Qué asco.
 A Róta le dio un ataque de risa y sepultó la cara en el cuello del vanirio.
-Ella insistía en que su carne estaba agria y olía mal. Y Gúnnr, tal dulce y considerada, ¡venga a echarle salsa para que cogiera más sabor! – le dolía el estómago de tanto reírse y se lo abrazó –. Y la pobre Nanna diciéndole: <<Yo no sé tú, Bryn, pero eso tiene forma de polla>>. Y luego Bryn dijo que su carne estaba rasposa y que tenía como pelos…
(…)

(…)
-Para mí no hay mayor deber que el deber de divertirse terriblemente.
(…)

(…)
-Lo digo en serio – Ardan no perdía el rictus circunspecto y severo –. Son más feos que pegarle a un padre. Y son trillizos. Estos no tienen pareja y creo que no van a encontrar, a no ser que Freyja transforme en vaniria a la novia de Shrek y la clone.
(…)

(…)
-[…] Seme.
-¿Semen? Pues vaya guarrada – Lo miró por encima del hombro –. ¿Qué tipo de movimiento es ese? ¿Te haces una paja y dejas ciego a tu oponente?
(…)

(…)
-[…] No se trata de completar, se trata de complementar.
(…)

(…)
-La vida es increíble – replicó Susanoo –, y quien no se haya dado cuenta de lo mágica y lo impredecible que es, es que está muerto en vida.
(…)