25/6/16

Reflexiones de una lectora #3: Complejidad de pensamiento y preocupaciones innecesarias

Reflexiones de una lectora
3

¡Hola a tod@s! J

 Vamos con las disculpas. En primer lugar, quiero pedir perdón por estar tan sumamente desaparecida. Es más que evidente que mi capacidad de organización necesita una revisión – una que voy a llevar acabo, prometido queda –, pero es aún más evidente que, aunque me “comprometí” a conseguir ordenar el blog lo suficiente como para que tuvierais todas las reseñas listas… no he podido hacerlo y, a riesgo de que me tiréis piedras, no voy a hacerlo. Os cuento porqué. Me considero una persona muy autoexigente en lo que a escribir se refiere. Es cierto que en el 90% de los aspectos de mi vida soy la viva imagen del caos, pero en este pequeño espacio me esfuerzo cada día – o al menos siempre que puedo – para ofreceros un mínimo de calidad. Estaréis de acuerdo conmigo, entonces, en que es una soberana tontería intentar confeccionar reseñas de libros de los que, a lo sumo, recuerdo un tercio de la historia. Para traeros una reseña de mala calidad o que pueda rozar el cinco… prefiero no traeros nada y comprometerme, esta vez en serio, a reseñar todo lo que lea a partir de ahora.

 Como sabéis, vuestra opinión es muy importante para mí. ¿Qué os parece? ¿Creéis que es buena idea?

 Después de esta pequeña explicación, he decidido traeros una nueva entrada de Reflexiones de una lectora, con un tema que, a mi juicio, es bastante importante. ¡Vamos a ello!


Complejidad de pensamiento y preocupaciones innecesarias



 Siento especial predilección por la evolución de los personajes, como muy bien sabéis. Considero que lo que de verdad puede definir a una buena autora o a un buen autor es su capacidad para hacer que nos creamos al personaje, para hacer que, después de un número “x” de páginas logremos pensar “Dios, ojalá existiera una persona así”. Y es precisamente eso lo que os vengo a contar hoy. No sé vosotras y vosotros, pero yo normalmente no tengo pensamientos sumamente profundos sobre qué voy a hacer con mi vida, sobre cómo voy a enfocar una situación “y” ni cómo voy a conseguir llevarme mejor con mi amiga o mi amigo. Y es que muchas veces, cuando leo, no puedo parar de pensar en lo condenadamente enrevesados que son los pensamientos de nuestros queridos personajes protagonistas. Me da a mí que vamos a tener que sacarnos tres doctorados para llegar a ese nivel de profundidad emocional o, en su defecto, dejar las fiestas y centrarnos en cosas más importantes, como describir al dedillo lo que nos evoca el olor a café.
 Antes de que me tiréis piedras, quiero preguntaros algo: ¿cuándo estáis por la calle, esos momentos en los que tenéis que llegar a Dios sabe dónde y vais de culo por culpa del calor, el frío o sencillamente porque os habéis levantado con el pie izquierdo, realmente os da tiempo a pensar en lo bonito que está el cielo despejado o en lo bien que huelen las flores? Porque yo, con todo lo basta que puedo llegar a ser, a lo sumo me preocupo de si voy a llegar muy sudada y de si me dejaran entrar por la tardanza. Llamadme loca, pero en lo último que pienso es en lo bonita que se ha quedado la tarde, en las ganas que tengo de oler galletas con mantequilla o en lo condenadamente adorable que es ver pasear a un niño pequeño con sus pasitos torpes.
 Profundidad emocional, supongo, y tal vez sea cierto que yo sea un poco simple, incluso directa pero, ¡vamos a ver!, no tengo tiempo libre suficiente como para preocuparme por banalidades de ese calibre. En el autobús, como a todo el mundo, me molesta el hecho de tener que ir de pie, cogida de cualquier manera a una de las barras, rezando por no caerme y cagándome en todo lo cagable porque el conductor pega un frenazo y me voy de morros hacia adelante. ¡Qué soez expresión! ¡Y qué cierta, maldita sea!
 ¿Y esto qué tiene que ver con las novelas? Pues que, como os decía, estoy harta de sentirme un poco estúpida al leer la profundidad a la que llegan algunos autores y autoras sólo para dejarnos claro que saben escribir. Yo me lo creo, palabrita, pero quiero cosas coherentes. ¡No pido tanto! Un poco de coherencia, un momento de ansiedad ante una situación estresante, preocuparse por cosas normales, como el hecho de no recordar si has cerrado con llave la puerta, si has dejado comida para el gato o si se te ha olvidado algo que necesites para el próximo examen. El futuro y la metafísica del día a día yo se lo dejo a los filósofos, porque, aunque sé que suena típico a dolor, preocuparse por las cosas que pasarán es una pérdida de tiempo. Vive el momento, dicen, y es cierto. Paremos ya de preocuparnos por todo. Si me pego el guantazo de mi vida contra el suelo, si me fracturo la pierna o el brazo haciendo deporte, si me peleo con alguien que hasta el momento había sido muy cercano a mí… me preocupo. ¡Por Dios que me preocupo! El resto del tiempo puedo vivir sin pensar en qué haré dentro de tres semanas, de lo que pasará cuando le diga a mi madre que he suspendido un examen o de lo que pasará si le digo a mi mejor amiga que su novio me parece un grano en el culo.
 Así que sí, desde aquí hago una llamada a todas las personas que alguna vez se hayan sentido exasperadas o sobrepasadas por la profundidad de los pensamientos, ideas e ideales de los protagonistas. Esas conversaciones casi surrealistas en las que hay un protocolo y un decoro que harían llorar a toda la horda de profesores de castellano que hemos tenido alguna vez en nuestra vida. Realismo, por favor, no es tan difícil, gracias. ¿Quién diablos habla con sus amigos de cosas como, por ejemplo, lo que hará de aquí a diez años? ¡Oh, por favor, no tenemos una vida tan aburrida como para montarnos realidades paralelas! ¿Y si de aquí a diez años me ha atropellado un camión, qué, eh? ¡Nada! ¡Anda ya, tanta tontería! Películas, series, cosas que pasan en el día a día… suficiente para estar hablando horas, horas y horas. Miedo al futuro, diréis algunos y algunas, y jamás negaré que podáis tener razón, pero, poniéndome filosófica, ¿no es maravilloso el presente? Pues démosle la importancia que merece y dejémonos de cuentos e historias. El aquí, el ahora. Eso es de verdad. No es una ilusión, una posibilidad o una idea. Es algo que está pasando, que nos está consumiendo o maravillando, algo que vamos a guardar en nuestra memoria y que recordaremos en ese futuro que tanto nos gusta imaginar.




Como digo siempre en estas entradas, no soy lo suficientemente divertida como para seguir hablando, así que…

¿Qué opináis? ¿Os gustan las mentes complejas, hasta los topes de ideales, sueños y metafísica? ¿Sois de esas personas que se preocupan demasiado por lo que pasará o, como yo, os limitáis a vivir al día?

¡Contadme, contadme, contadme!


¡Un besazo muy grande y que paséis un buenísimo fin de semana!

11/6/16

RESEÑA #67: LEJOS DE LAS SOMBRAS


RESEÑA #67: LEJOS DE LAS SOMBRAS

¡Hola a tod@s! J

 Tenía que haber subido entrada ayer. Lo sé  y, cómo no, lo siento, pero, bueno… estaba KO y no quería ni oír hablar de coger el portátil. Ahora que por fin me he puesto a ello, aprovecho para comentar que, una vez más, no habrá Wrap Up. ¿Y por qué? Sólo leí entero un libro del cual, para más inri, ya tenéis la reseña en el blog. Sí, se trata de Su lado oscuro. Haced clic aquí si queréis ir a echar un ojo. Así que, sin más dilación… ¡Dentro reseña!

Ficha técnica



Título: (Luz y sombras 2) Lejos de las sombras     
Autora: Alice Raine
Editorial: Grijalbo
Número de páginas: 256
ISBN: 9788425353819
Precio: 15,90€
Precio formato electrónico (Kindle): 7,95€

Sinopsis

Después de adentrarte en Su lado oscuro, descubre ahora las sombras que envuelven a Nathan y Stella en la segunda novela de la serie más sensual de la temporada.
Stella es interiorista, una mujer segura de sí misma, acostumbrada a ver cumplidos sus deseos. Por eso acude al Club Twist, un lugar de encuentro para personas que desean explorar la sexualidad más prohibida. Allí es donde Stella conoce al exitoso arquitecto Nathaniel Jackson.
Firme, dominante y tremendamente apuesto, Nathan podría ser el amor con quien ella ha fantaseado a solas durante meses. Por su parte, él ve en Stella a una sumisa con ganas de aprender. Los primeros encuentros confirman su impresión inicial pero, a medida que la relación avanza, el sexo más salvaje se mezcla con momentos de luminosa ternura para los que ni Nathan ni Stella estaba preparados...
Hay hombres capaces de acelerarte el corazón con una mirada. Hay mujeres que pueden cambiarte la vida. Hay sombras que solo el amor puede disipar.
Hay historias que te atrapan desde la primera página.
Esta es una de ellas.

Mi opinión

 Nathan Jackson es un hueso duro, muy duro, de roer. Hermético, implacable… letal. Una persona que no quiere mantener contacto visual, que está totalmente centrado en su trabajo – la arquitectura – y cuya única constante en la vida es su hermano, Nicholas. Bonito estaría que a nuestro chico malo le plantaran delante de sus narices a una dulce florecilla… ¿o no?
 Stella, una interiorista de primera, está harta de las relaciones insulsas; esas en las que el sexo bien podría programarse de forma mensual, en las que las conversaciones son, cuanto menos, soporíferas. Tiene que hacer algo y tiene que ser ya. Y vaya si lo hace. Rellenando el formulario de inscripción del Club Twist, punto de encuentro para relaciones de lo más peculiares, se entrevista con David Halton, dueño del local, y se propone como sumisa. Sí, como sumisa. Stella, la chica que quiere poder ceder todo el control en el ámbito de lo íntimo, la chica dulce que quiere explorar “su lado oscuro” y es que, amigas y amigos, nuestra interiorista tiene unas ideas muy desactualizadas de lo que es una relación explosiva.
 Ya os comenté en mi anterior reseña que había quedado prendada del estilo de la autora y, en esta segunda entrega puedo decir que Alice Raine no me ha decepcionado. He podido conocer muchísimo mejor al que en la primera parte de la saga se convirtió, sin quererlo ni saberlo, en uno de los personajes más difíciles sobre los que he tenido en honor de leer. ¿Y por qué “difícil”? Bueno, si estáis familiarizadas y familiarizados con mis gustos literarios sabréis que jamás pierdo la oportunidad de leer acerca de una buena evolución. Objetivo localizado: Nathan Jackson.
 Nathan no tiene ningunas ganas de conocer a la tal Stella, el proyecto de sumisa recién descubierto por el magnate del mundo del sexo, David. El hombre le promete algo sencillamente espectacular, pero nuestro protagonista tiene sus reservas. ¿Qué puede haber de especial en una chica más? Oh, bueno, pues lo hay. Desde el principio, se nos muestra el flaqueo que siente en su presencia, como su mantra, <<Yo tengo el control>>, se ve quebrado por esa chica de apariencia dulce e inocente.
 El contrato llega rápido: sexo de fin de semana. Ella deberá llamarle “señor” en el ámbito íntimo, él tiene el control absoluto. Nada de sentimientos, ni un solo romanticismo. Bien lejos las falsas esperanzas, las promesas y las expectativas. Ahora bien, ¿quién dice que una relación meramente sexual es sencilla?

 Y ahora, bienvenid@s a la Zona Spoiler

 Me gustaría empezar destacando lo que, para mí, ha sido un punto de inflexión respecto a la anterior novela. Aquí no se nos habla sólo de la noche, la luz tiene un papel muy importante. Escenas centradas en las tardes, los amaneceres y las mañanas. Luz más allá de la oscuridad que guarda la mente de Nathan. Sus recuerdos, todos ellos retorcidos, son un toque realmente exquisito para una novela de estas características y es que, aunque pueda sorprenderos dado mi rechazo hacia los clichés – siempre y cuando carezcan de justificación –, me ha gustado mucho poder comprender la “lógica ilógica” de sus razonamientos en lo que a una relación se refiere. Su padre era un maldito cerdo que bien merecía que le extirparan los órganos genitales y se los metieran en la boca. ¡Hala, ya lo he dicho! Y su madre tres cuartos de lo mismo. Por Dios que yo jamás permitiría que un cerdo de las características del señor Jackson pusiera una sola mano encima a nadie a quien yo considere mi familia.
 Durante las primeras semanas de “relación”, Stella empieza a coger confianza con Nathan. Le sorprende que, pese a lo autoritario que es, siempre mire por su seguridad – y, por añadidura y lógica a la temática, de su placer –. Tal vez sea un poco descabellado por mi parte, pero no considero que haya ninguna escena excesivamente fuerte. Me explico. Cuando habla con ella para explicarle su tendencia al bondage y a la dominancia no excesiva, pensé que pasarían por la novela muchos más… instrumentos. Sin embargo, a excepción de una mención prácticamente aislada y un látigo de colas cortas que usa un par de veces, no hay nada. Nada. Cero. Y eso no es necesariamente malo – tampoco quiero echarme a temblar de horror leyendo, gracias –, pero sí desconcertante tratándose, efectivamente, de una relación dominante-sumisa.

 Volviendo a la historia, el entrenamiento da paso a un segundo nivel y es que, poco a poco, tanto él como ella empiezan a sentir algo más que ganas hacia el contrario. Esto viene a ser meramente intuido por la persona que lee los pensamientos de ambos protagonistas, un acierto por parte de la autora, pero sólo se ve realmente confirmado al final de la novela. Cuando las cosas, ¡cómo no!, se ponen feas.
 Una de mis escenas favoritas, sin duda, es la que transcurre en el gimnasio. Antes de que me tachéis de pervertida, quiero que me escuchéis (leáis). Me gusta la visceralidad de la situación: como él construye una montaña de un granito de arena. Yo soy la persona más impuntual que podáis echaros a la cara – desde hace relativamente poco, todo sea dicho – y, qué queréis que os diga, me parece excesivo que Nathan se enfade tantísimo con Stella por unos minutos de tardanza. Si a mí se me castigara cada vez que llego tarde… en fin, me habría quedado sin culo, fijo. A este problemilla, debemos añadir que la chica comete el error de asentir. Sí, sí, de asentir. Nathan Jackson, el chico que no soporta que Stella le prive de su voz. Disfuncionalidad, ¡adelante! El castigo es, ciertamente, severo. Las barras de dominadas son un calvario y esta vez sí que hablo desde la experiencia. Por Dios, yo a lo sumo consigo subir tres veces y quedarme colgada cual mono feliz unos dos minutos – en un día bueno –. Entonces, digo yo, ¿no es de cajón suponer que la chica va a ver ceder sus dedos? Solución: atarla con una cuerda de saltar. ¡Olé, olé y olé! En fin. Me abstengo de opinar al respecto. ¿Y por qué hablo de visceralidad, entonces? Cuando ella ve que ya no puede más y que la cuerda, más que ayudar, lacera, se lo dice. Y él, para sorpresa de todo el mundo, la ayuda. Pero lo mejor no es eso, no… lo mejor es que luego la trata con un mimo, como poco, siniestro. Ahora te trato mal, ahora te cuido… ahora me enfado, ahora me arrepiento. Un vaivén de emociones que desconciertan a ambos protagonistas, pero que a mí, sencillamente, me han maravillado.
 Mi última aportación va a hacer referencia a dos aspectos fundamentales para Nathan: el contacto visual y su hermano. Creo que hay una muy buena base respecto a éste primer punto y es que Alice Raine se ha documentado muy bien en las secuelas que puede producir el abuso paterno y materno, porque quien no ayuda es cómplice, amigas y amigos –. El hecho de que Nathan no pueda mirar a nadie a los ojos porque su padre le privó de algo tan esencial y ahora, sencillamente, le resulta incómodo… chapó.
 El final de la novela es lo referente a Nicholas. No hablaré más de él, porque tenéis una reseña entera en la que él es protagonista, pero sí diré que me ha gustado mucho ver cómo Nathan cambia de forma abrupta el chip al ver su lamentable estado; no tanto como Stella tiene que vivir esa situación.
 Me muero por hincarle el diente a la tercera entrega y, sinceramente, ¡debéis leer la saga!

Con todo, Lejos de las sombras es una segunda parte maravillosa. Con unos protagonistas de lo más pintorescos y una prosa deliciosa, nos adentraremos en la retorcida mente de Nathan Jackson, conociendo, poco a poco, a una Stella que dista mucho de ser dulce. El final deja las puertas abiertas a la que, sin duda, será una tercera parte genial.

Nota: 4.5/5

Citas

(…)
-Piensa como un boy scout – dijo Kenny con una sonrisita, pero yo no entendía nada. ¿Qué tenían que ver los boy scotus con la depilación? Al ver mi desconcierto, Kenny se echó a reír y explicó –: ¡Hay que estar siempre preparado! – exclamó con un guiño mientras me empujaba hasta la puerta para que me fuera al centro de estética.
(…)

(…)
 Me desperté con una sonrisa en los labios. Una de esas enormes, de las que te dividen la cara en dos, te separan al máximo las comisuras de los labios y te forman arrugas junto a  los ojos.

(…)

3/6/16

RESEÑA #66: SU LADO OSCURO


RESEÑA #66: SU LADO OSCURO

¡Hola a tod@s! J

 ¿Qué tal os ha tratado la semana? ¿Mucho trabajo? ¿Muy agobiad@s con los finales, con el trabajo, la selectividad…? Desde aquí os mando muchísimo ánimo y, bueno, tranquil@s: yo os entiendo. Estoy totalmente pringada ahora mismo.
 Hace nada que leí esta novela – hará unos días – y lo cierto es que tenía muchas ganas de compartir impresiones con tod@s vosotr@s, así que, sin más… ¡Dentro reseña!

Ficha técnica



Título: (Luz y sombras 1) Su lado oscuro    
Autora: Alice Raine
Editorial: Grijalbo
Número de páginas: 368
ISBN: 9788425353642
Precio: 15,90€

Sinopsis

Entra en el mundo prohibido de los secretos más sensuales con la primera novela de la serie de romance erótico que causa furor en el Reino Unido, «Luz y sombras».
Sexy, intuitivo y seguro de sí mismo, Nicholas Jackson es un concertista famoso que deslumbra a la joven librera Rebecca Langley. Ella, incapaz de resistirse a su atractivo, se deja llevar por el apuesto seductor sin saber que en el interior de su alma anida un fuego oscuro, un deseo escondido de controlar y dominar a las mujeres con quienes mantiene relaciones sexuales.
Pero ella no es una chica como las demás. Rebecca no es de las que se conforman con seguir las reglas sin cuestionarlas. Quiere algo más. Quiere un amor que ilumine su vida. Quiere a Nick. Pero deberá tomar una difícil decisión.
Hay hombres capaces de acelerarte el corazón con una mirada. Hay mujeres que pueden cambiarte la vida. Hay sombras que solo el amor puede disipar.
Hay historias que te atrapan desde la primera página.
Esta es una de ellas.

Mi opinión

 Rebecca es una librera que lleva demasiado tiempo sola, un persona muy centrada en su trabajo, buena amante de la literatura… y la música. Años atrás fue a un concierto de música jazz en la que tres intérpretes tocaron de las mil maravillas. Tanto le gustó, que reseñó en su blog la actuación y… un representante se puso en contacto con el trío. Un salto a la fama, a la riqueza. Y Rebecca sigue siendo una librera de a pie que vive en un pisucho en la zona céntrica de Londres.
 Cuando, un día, recibe la llamada del representante para acudir a ver una actuación del trío que propulsó a la fama, no puede creérselo. Lo que tampoco puede creerse es que el pianista, Nicholas Jackson, se fije en ella. Él es un hombre serio, intimidatorio y, cuánto menos, algo extraño en lo referente a sus comentarios sobre lo cohibida que puede llegar a sentirse nuestra Becky en su presencia.
 No es ningún secreto – de hecho, se nos cuenta en el prólogo –, que Rebecca acaba huyendo de las garras de Nicholas tras probar en sus glúteos la fuerza de una fusta. Sí, una fusta. Porque, claro… el señor Jackson no tiene unos gustos normalitos, ¡para nada! A él le va más el rollo del controlador, del dominante. Y es así como, a través de los recuerdos de Rebecca, comprenderemos qué pasó para que ambos echaran a perder lo que fuera que tuvieran.
 No había oído hablar de esta saga – compuesta, si mal no tengo entendido, por cuatro libros –, sencillamente vi la primera parte en la biblioteca y decidí llevármela. ¡Y qué bien que lo hice, porque tenía mis reservas! Para las personas que me conozcáis menos, debo decir que el rollo del señor y la sumisa no es para nada lo mío. Supongo que es una cuestión de gustos pero, por mucho que lo intente, no concibo como a una persona pueda gustarle sentirse vapuleada una y otra vez por alguien a quien, para colmo, debe llamar amo o señor. Volviendo al tema, a mi juicio la autora, Alice Raine, ha hecho un trabajo excelente.
 La ambientación, siempre gris, triste, decadente y melancólica… me ha maravillado. Me gusta el poder que se le otorga a la noche en el libro, el como el día queda relegado a un segundo plano, viéndose sustituido por grises y negros. Grises y negros que casan muy bien con la historia, por cierto.
 Rebecca me ha parecido una mujer bastante fuerte, segura de sí misma y abierta a las nuevas experiencias. Sí que es cierto que hay cosas que ella aguanta que no son necesarias. Quiero decir, está muy bien eso de “no, es que el chico es así”, es la excusa del mal-pagador y, aunque absurdo, escuda todo tipo de basura, ¿no estoy en lo cierto? Bueno, pues llegados a cierto punto, los gritos y los comentarios pasados de rosca… sobran. Porque, como he dicho muchas veces, no somos más que personas y si nuestro querido Nicholas tiene secretos sucios, desagradables o, cuanto menos, siniestros… Rebecca no tiene ninguna culpa.
 El incidente de la fusta culmina con nuestra protagonista dejando a Nicholas. Ahora bien… ¿hay más que contar o, sencillamente, se trata de una historia de desamor? ¿Podrá Nicholas Jackson, ese hombre orgulloso, reconquistar a Becky? Y, lo más importante, ¿podrá ella perdonar algo tan impactante?

 Y ahora… Bienvenid@s a la Zona Spoiler:

 Bueno, bueno, bueno. Aquí hay chicha, sin duda. Y de la buena, que conste.
 Quiero decir, una vez más, que me ha gustado mucho como se va llevando la historia. Ver a Rebecca en el antes y el después, ahora rota, antes feliz… me ha maravillado. Como también lo ha hecho ver evolucionar a Nicholas.
 Confieso que no tenía muchas esperanzas puestas en este personaje, más que nada porque me parecía demasiado controlador, celoso y posesivo – tres característica que no me gustan nada –. No soporta saber que Rebecca ha tenido relaciones sexuales con otros hombres, pero, claro… todas las que ha mantenido él con sus sumisas quedan relegadas. Muy sano, sí señor.
 El punto de inflexión se encuentra, ni más ni menos, en la noche en que todo cambia. Un día que empieza muy bien, con Nicholas pidiéndole una relación de verdad, sabiéndose realmente atraído por esa mujer que ha puesto su mundo patas arriba… y acaba con el mismo hombre en apariencia enamorado, fustigando a Rebecca, atada de manos, porque no puede soportar saber que, muy en el fondo, él es como su padre.
 Oh, sí. Como su padre. Como su hermano. Un dominante. Un hombre que somete y castiga. Espléndido. Como pasado, ojo, no está mal; pero, sencillamente, no es original. ¿Y por qué digo esto? Me olía el 90% de su historia. Sabía que el famoso Nathan Jackson iba a dar mucho pie a destrozar, que iba a sembrar el caos en la cabecita ya de por sí inestable de su hermano pequeño… pero no pensé que fuera a la vez ángel y demonio. Me explico. Nathan es un personaje que, pese a lo que he comentado y contrariamente a lo que podéis pensar, me ha gustado mucho. Está roto por dentro, sí, pero sabe lo que le conviene a Nicholas porque, en cierto modo, ha sido más un padre que un hermano para nuestro pianista. La cosa es aún mejor, no creáis. Me ha gustado más Nathan que Nicholas. Supongo que tengo alguna patología por tratar, pero creo que puede dar muchísimo más juego. Permitidme la expresión soez un momento: alguien que está tan jodidamente muerto por dentro es un reto. Un reto de verdad. Y a mí me encantan los retos.
 No me sorprendió saber que al final Rebecca quiso volver con él, eso sí, debo decir que la chica se mostró mucho más firme y consecuente de lo que pensé en un principio. Sabe que no soportará otro golpe y yo la aplaudo por ello. Sin embargo, me disgustó un poco que Nicholas esperara a que ella desapareciera durante casi un trimestre de su vida para buscar ayuda psicológica y ser capaz de contarle todos sus problemas. No desvelaré nada, pero, creedme: hay personas a las que deberían extirparle los órganos genitales para no reproducirse y destrozar vidas inocentes.
 El perdón trae consigo la felicidad. Y la felicidad, ¡cómo no!, la utopía. Algunas cosas me resultaron tan tiernas que me entraban ganas de vomitar un unicornio pero, gracias a Dios, duró poco. Nathan volvió para jugar sus cartas y, aunque me gustó, creo que faltó juego. No me gustó verlo de golpe tan… vulnerable. Un hombre como él, una persona que somete y castiga sin piedad, viéndose pequeño al lado de la relación de su hermano y mendigando consejos de esa chica que vuelve loco – y de verdad – a nuestro Nicholas. Increíble, pero cierto y, consecuentemente, para mí demasiado fácil.
 Lo último que quiero destacar es el cambio de escenario. Lo gris, lo decadente… da paso a la luz, al día. Me gusta mucho el juego de luces y sombras, tal y como indica el nombre de la trilogía y desde aquí me quito el sombrero por como nuestra autora logra hacer un tan buen uso del ambiente para atraparnos aún más entre las páginas del libro.
 El final es de infarto, para bien y para mal. Espero que se continúe por esa línea en la segunda parte – que pienso leer, por supuesto –, porque, creedme, a Alice Raine le queda mucho por decir.

Con todo, Su lado oscuro, es la primera parte de una saga que promete mucho. Con escenarios grises, negros… decadentes. Una prosa deliciosa y una historia de lo más pintoresca. Nicholas Jackson. Rebecca, alias Becky. Nathan. Disfuncionalidad, amor y música. Un cóctel perfecto, sin duda.

Nota: 4/5

Citas

(…)
-Y me iba – dije sin más, y mi enigmática respuesta le hizo fruncir el ceño. Así que, suspirando, me expliqué –: Mi piso no es más que eso, Nicholas, un sitio donde comer y dormir; pero la casa, el hogar, es donde están las personas que me importan… Así que me he bajado del autobús y he venido aquí.
(…)

(…)
-Cuando alguien sonríe, la única manera de saber que su sonrisa es auténtica es fijarse en si le brillan los ojos… Y eso le pasa a Stella cuando te sonríe – le expliqué en pocas palabras.

(…)